Las claves que construyeron el triunfo de Boca en Córdoba

Desde Córdoba

Ofertas. River tuvo el partido en oferta y no pasó por la góndola. No aprovechó su momento tras el gol inicial de Borja. Boca, por el contrario, no sólo usufructuó ofertas parecidas sino que lo hizo con notable eficacia. Fue una promo 3×2 y Boca la tomó con aprovechamiento integral de esas oportunidades.

Fútbol directo. Los dos se repartieron la tenencia, sobre todo en el primer tiempo, pero ambos llegaron al gol con fútbol directo. Y en esa materia Boca terminó siendo más punzante y claro.

River no aprovechó su momento. River pareció tener todo a su merced con ese contraataque rápido que aprovechó un pésimo retroceso de Boca, y que encabezó con precisión y velocidad «El Diablito» Echeverri para la resolución de Borja. Pero tras ese gol tuvo todas las posibilidades, con espacios a favor y un equipo de Martínez mal parado y errático. Ahí fue donde el plantel de Demichelis careció de recursos para comprar esos regalos.

«Pol» Fernández corrigió a Equi. Echeverri le ganó el duelo inicial a un Ezequiel Fernández mal parado, pero «Pol» Fernández corrigió todo, hasta a su propio compañero, con ubicuidad y timing para cubrir y generar espacios.

El vuelco de Zenón. La posición de Zenón fue clave, para mal al principio y para bien el resto del partido. No arrancó bien como enganche; acomodó mejor al equipo su vuelco hacia la izquierda. Y terminó siendo una de las piezas más importantes de Boca.

Otra marcha. Esa tenencia inicialmente improductiva de Boca, con menos velocidad de resolución que River, se terminó en ese fútbol directo del gol del empate. Ahí fue donde cambió por primera vez el ritmo y no abandonó esa intensidad hasta el final del partido. Fue a través de ese desborde y ese centro atrás “de Selección” de Advíncula para la definición de Merentiel.

La jerarquía. Con todas esas cartas echadas Boca lo resolvió por más jerarquía en ataque. Por las grandes actuaciones de Merentiel, con dos goles, y de Cavani, con un gol y la participación fundamental en el tercer tanto, el segundo de su “paisano” uruguayo.

Romero. El arquero fue uno de los puntos destacados de Boca, pero también para mal y para bien. Fue parte de las repetidas dudas defensivas del Xeneize pero fue decisivo en esa pelota que sacó sobre la línea, como lo corroboró el VAR, en el mismo comienzo del segundo tiempo, en una jugada que pudo haber cambiado sustancialmente el curso de los acontecimientos. Una atajada que fue casi como un gol propio para darle la dosis de autoridad y coraje que necesitaba Boca, para adosar a ese cambio de marcha que sostuvo desde el tanto del empate.

Las defensas. Fue el clásico partido en el que los ataques le ganaron a las defensas. Los dos sufrieron en el retroceso, pero mucho más River, al cabo. Las dudas en el fondo tuvieron su origen en los problemas de contención en el medio. Primero con la apuntada “derrota” inicial de Equi ante Echeverri, y después por la falta de control de River en los extremos, donde Boca encontró los caminos de la victoria. Este es un punto a considerar para lo que se le viene a Boca. La imagen del segundo gol de River, repetida incluso en aquella atajada de Romero de inicio del segundo tiempo y en varios centros más, deja serias dudas sobre el rendimiento defensivo. Ante Estudiantes, está claro, deberá acomodar mucho mejor las piezas. Lema gana bien de arriba pero es lento en el retroceso. Quizá el cambio de Figal por Saralegui que Martínez decidió tras el 2-1 sea una llave para apretar clavijas, y ajustar lo que está demasiado disperso.

La fiesta. El Mario Alberto Kempes demostró ser un escenario ideal para la vuelta de un Boca-River con las dos hinchadas, por primera vez por los puntos en Córdoba. Se repartieron bien las parcialidades, la de Boca en la platea Ardiles y la popular Artime, la de River en la platea Gasparini y la popular Willington. Por sobre los nombres emblemáticos de las tribunas emerge el gran Kempes, un estadio con nombre acorde a la jerarquía de uno de los más grandes de la historia del fútbol argentino. Las hinchadas estuvieron tan bien separadas en las gradas como en los ingresos y las salidas. Y en la noche previa no se produjeron, salvo excepciones, los problemas que se temían, porque en los lugares de esparcimiento y gastronómicos, en las calles emblemáticas de Córdoba Capital, pareció que tantos unos como otros se cuidaron de salir con sus camisetas y cuando se cruzaron en restaurantes o bares no sobrevinieron problemas mayores. Fue una gran fiesta, al cabo. Y una emoción ver por primera vez a las dos hinchadas en un estadio después de tanto tiempo. Los colores más reconocidos del fútbol argentino en el mismo escenario. Y el Kempes se sigue postulando para los grandes acontecimientos.

La Era Riquelme. Una vez más en la Era Riquelme un mano a mano Superclásico fue para Boca. Siempre fue así con Román de vice o de presidente, al contrario de lo que ocurrió hasta 2019, cuando Boca perdió esa hegemonía en los choques directos durante el angelicismo, con la final de Madrid en 2018 como la mancha más grande. Esto no la tapó, pero se ratificó que, por ahora, con Riquelme, esa historia volvió a volcarse para el lado de Boca, como desde aquella primera final cara a cara del Nacional ’76.

Este triunfo tiene rango de campeonato, aunque ahora Boca es serio candidato al título propiamente dicho en la Copa de la Liga. El equipo de Diego Martínez tiene poder de fuego en los uruguayos, Zenón y compañía. Tendrá que acomodarse mejor en la vuelta atrás, más allá de lo que pudieron corregir los propios Lema y Rojo, también con coraje de campeones.

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