Israel logró frente a Irán una nítida victoria estratégica

Israel realizó un ataque preciso y circunscripto al territorio iraní, destinado a establecer lo que la República Islámica ya sabe, que las Fuerzas de Defensa Israelíes atacan cuando y como quieren el territorio persa, y especialmente golpean con absoluta nitidez a su región más estratégica que es la provincia de Isfahán, donde se encuentran las tres principales instalaciones nucleares (Natanz, Foxcow, y Akav). Con la aclaración de que las dos primeras son las que realizan la tarea de enriquecimiento de uranio al 60%, el piso para la fabricación de la bomba nuclear.

El ataque israelí se hizo con tres misiles de largo alcance disparados por la aviación hebrea desde afuera del espacio aéreo de Irán. Esos proyectiles golpearon uno tras otro al principal sistema de defensa anti-misilística de la República Persa ubicado en la entrada de las instalaciones nucleares de Natanz, según lo corroborado por la inteligencia norteamericana en Washington.

Lo que esto significa es que la no respuesta de Teherán al asalto israelí consagra la supremacía estratégica de Israel en Medio Oriente.

Irán, en suma, acaba de experimentar una extraordinaria derrota estratégica, que derivará inexorablemente en consecuencias letales para la legitimidad política y la consiguiente subsistencia del régimen islámico.

Este hecho de contenido esencialmente negativo mostró a la República Islámica ausente en el momento de la más álgida confrontación con el Estado de Israel, y le otorgó a éste una histórica victoria en la región más estratégica del planeta.

Las consecuencias de este hecho extraordinario se sentirán en toda la región, y ante todo en la Franja de Gaza, donde adelanta la ofensiva israelí en la etapa final de la empresa destinada a destruir las cuatro brigadas que todavía tiene Hamas en Rafah y su red de subterráneos, situada en el Sur, en la frontera con Egipto.

En cuanto al Líbano, Hezbollah ha decidido, ante el cambio de las condiciones de su principal aliado y jefe político Irán, no utilizar su arsenal de 150.000 misiles, un tercio de ellos balísticos de última generación tecnológica, a pesar de que las Fuerzas Israelíes están lanzadas a una plena ofensiva sobre todo al territorio libanés en su conjunto, incluyendo a la capital Beirut, y también al de Siria.

Ya Clausewitz había previsto lo que sucede con Irán y sus grupos asociados en Medio Oriente, cuando señaló que “en la estrategia hay solo un error verdaderamente letal, y es no actuar”.

También Clausewitz advirtió lo que ha sucedido con Irán y su inacción el jueves 18 de abril: “La regla estratégica fundamental es la que establece que lo accesorio sigue siempre la suerte de lo principal”.

El predominio israelí en Medio Oriente que ha emergido de la confrontación victoriosa con Irán se realiza en coalición con un grupo de países árabes de la región integrantes del Pacto anti-iraní que, en alianza con Israel, constituyen el nuevo eje estratégico de esta región decisiva del siglo XXI.

EE.UU, con el Presidente Joe Biden a la cabeza, ha sido superado plenamente por estos acontecimientos, que son siempre más elocuentes que todas las votaciones y declaraciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Esto confirma que su excepcional poderío económico y tecnológico se contrapone cada vez más con su notable debilidad política, que alcanza incluso características de vacío de poder, a punto de convertirse en el principal problema de la política mundial en este periodo histórico, al afectar a la primera superpotencia del mundo y sobre todo a su Comandante en Jefe.

A partir de ahora Israel inicia una ofensiva en gran escala política, estratégica y diplomática contra el régimen iraní, centrado en el necesario desmantelamiento de su programa nuclear, así como en la liquidación de su presencia estratégica en Medio Oriente, que ya se transforma en un hecho ante la destrucción inminente de Hamas, y la conversión de Hezbollah en un partido político carente de brazo militar –uno más- de ese Estado fallido que es el Líbano.

La supremacía militar de EE.UU. en la región es abrumadora. Dispone en las aguas costeras del Líbano de un grupo de combate aero-naval encabezado por el portaaviones nuclear “Dwight D. Eissenhower”, que dispone de unos 300 cazabombarderos F-35 y de unos 9.000 infantes de marina embarcados.

Hay grupos semejantes también encabezados por portaaviones nucleares en las aguas del Mar Rojo y del Golfo Pérsico, que rodean completamente a la región.

EE.UU. es inequívocamente la primera superpotencia militar del mundo y detrás de ella no hay número 2 ni número 3, es la primera en forma irrestricta. Lo que ha fallado acá no se refiere al poderío bélico, sino a la falta de voluntad y decisión en la máxima autoridad política.

Por eso Israel, con 8,5 millones de habitantes, ocupa hoy el lugar de predominio estratégico en Medio Oriente que históricamente le correspondió a la superpotencia norteamericana; y las ausencias y las presencias están cargadas de sentido en los momentos culminantes de la historia. Los actos dicen mucho más que las palabras.

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