Más de 300 mil familias viven en hogares con pisos de tierra: el impacto en infancias

En Argentina, al menos 314 mil familias viven en hogares con pisos de tierra. El dato, que resaltó esta semana en su boletín mensual la Fundación Tejido Urbano, aparece en un informe de Hábitat para la Humanidad, una organización sin fines de lucro que trabaja en sesenta países del mundo.

“En Argentina la mayor parte del déficit habitacional se explica por viviendas que no están en condiciones adecuadas, pero son recuperables. Ante la falta de acceso al suelo urbano y a la ciudad, las personas autoconstruyen sus viviendas sin apoyo técnico ni acceso a los materiales adecuados”, explicó en diálogo con PERFIL Juan Juri, representante de esta institución en el país. “Estas viviendas no cuentan con accesos formales a servicios públicos, tienen instalaciones precarias, paredes sin revocar, pisos en mal estado, ausencia de baños seguros y techos inestables que se llueven, entre otras cosas”, agregó.

Pero no se trata simplemente de una cuestión de infraestructura. Esto tiene impacto directo en la salud y en la inserción de las niñas y los niños en diferentes sistemas, como el educativo. “En Hábitat para la Humanidad Argentina decimos que las oportunidades empiezan con un hogar, porque sabemos que una vivienda adecuada potencia los diferentes aspectos del desarrollo”. Una vivienda inadecuada, añadió, puede ser una trampa, “un lugar que limita y hasta perjudica ese mismo desarrollo”. Los números no mienten: “Un piso de cemento disminuye la aparición de infecciones parasitarias en un 78% y de anemias en un 81%”, afirmó.

Cuando no existe la posibilidad de contar con las condiciones mínimas, “en vez de ser un lugar donde recuperarse de una enfermedad, la vivienda es la que te enferma. Es común que cuadros como infecciones, enfermedades respiratorias o diarreas sean consecuencia de viviendas en mal estado”.

El informe que compartió con este medio agrega otras cifras: un piso de cemento mejora un 36% el desarrollo cognitivo de los niños y disminuye los casos de depresión y estrés (en un 52% y 45%, respectivamente). También representó, según el estudio de casos que hizo la ONG en base a las familias asistidas, un 79% de ahorro en gastos médicos.

Por otro lado, las condiciones habitacionales apropiadas redujeron en un 15% la ausencia a clases, y aumentaron en un 80% la cantidad de tiempo que los más chicos juegan en su casa. Precisamente, la organización que representa Juri trabaja en una línea de ayuda a las familias a través de capacitaciones, acompañamiento técnico y entrega de materiales. “La campaña regional que llevamos adelante se llama ‘100 mil pisos para jugar’”, detalló.

Otras situaciones habitacionales. El boletín de Tejido Urbano analiza otras condiciones que hacen a la precariedad en el acceso a la vivienda. Cita un estudio de la Universidad Nacional de San Martín que afirma que, desde la desregulación del mercado, “se consolidan contratos más cortos y aumentos más frecuentes” de los alquileres. La suba varía según la región. Desde Inquilinos Agrupados destacaron que, mientras el índice de inflación anual fue del 31,7%, los alquileres se incrementaron hasta un 120,3%. El caso más extremo es el de la Patagonia. La suba más modesta fue en el Gran Buenos Aires, con un 70,8%.

“Hubo un incremento y va a seguir habiendo un incremento del hacinamiento”, subrayó en comunicación con PERFIL Adrián Canteros Sandoval, abogado y referente de la Asociación de Inquilinos de Corrientes y miembro de la Federación Nacional de Inquilinos. “No solamente en términos de familias viviendo en lugares cada vez más chicos, sino también de la precariedad infraestructural de las viviendas”, prosiguió.

“Muchas veces se alquilan lugares que tienen múltiples viviendas en un solo terreno, donde es difícil diferenciar dónde termina y dónde empieza la otra vivienda. Eso está sucediendo mucho también”. Por otro lado, se incrementaron los casos de adultos mayores que, ante la falta de ingresos, deben recurrir a alquilar parte de sus viviendas para subsistir.

“La gente ya no va al dentista para pagar el alquiler, por darte un ejemplo extremo. Y hay muchas personas endeudadas también”. Frente a esto, las familias se adaptan como pueden y buscan lugares más alejados o más pequeños, e incluso habitaciones compartidas, concluyó Sandoval.

La asociación Amigos en el Camino, que acompaña a personas en situación de calle, también lo nota. “Durante el día ves a muchísimas más familias con niños buscando sustento y hay muchas a la noche también. Salen de los hoteles en donde están para buscar comida”, afirmó a PERFIL Mónica De Russis, directora ejecutiva de la organización. “Algunas no tienen lugar para comer durante enero y febrero”, afirmó. El problema es que la actividad de algunos comedores puede mermar durante estos meses, aunque las necesidades no lo hagan.

Así como las bajas temperaturas son una de sus principales preocupaciones durante el invierno, en verano “la ola de calor hace estragos”, aseveró De Russis. “Desde el Consejo Publicitario Argentino invitamos a la población a que congele botellas de agua y se las ofrezca a las personas en situación de calle, porque la gente por deshidratación también se muere”, sintetizó.

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