En el marco del prolongado conflicto en Medio Oriente, el analista internacional Juan Negri ofreció una proyección sobre su posible desenlace. En declaraciones a un medio nacional, el especialista sostuvo que, a pesar de la intensidad de las hostilidades, el resultado final no implicaría un cambio de régimen en la República Islámica de Irán.
Un acuerdo en el horizonte
Negri planteó que el escenario más probable es la concreción de un acuerdo diplomático entre Washington y Teherán. Para ello, sugirió que podrían actuar como mediadores algunos estados del Golfo con tradición en puentes diplomáticos, mencionando específicamente a Omán. «Creo que va a haber un acuerdo entre Irán y Estados Unidos sin cambio de régimen», afirmó el analista.
Impacto regional y consecuencias
El especialista argumentó que Irán se encuentra actualmente en un «modo supervivencia», lo que lo llevaría a tomar medidas drásticas, como amenazar el tránsito por el estratégico Estrecho de Ormuz. Esta situación, según su visión, tiene un impacto directo en el mercado energético global, forzando a otras potencias a ajustar políticas, como la relajación de ciertas sanciones, para estabilizar los precios del petróleo.
Sin embargo, Negri anticipó que el costo para Irán será muy alto. «Irán va a quedar muy debilitado militar y económicamente. Un país devastado es un problema para Medio Oriente», advirtió. Subrayó que esta debilidad podría generar inestabilidad en la región, al potenciar movimientos extremistas alimentados por el resentimiento hacia Occidente.
Un balance de poder desigual
El analista consideró que, si bien Estados Unidos podría enfrentar pérdidas significativas, la asimetría de poder es abrumadora. «No creo que Irán tenga mucho carretel para resistir a la principal potencia del mundo», manifestó. En su evaluación, Teherán no saldría victorioso del conflicto, pero su régimen lograría mantenerse en el poder, aunque con una capacidad nacional severamente mermada.
Finalmente, Negri concluyó que la guerra se extendería más de lo inicialmente previsto por algunas capitales occidentales, prolongando la crisis y sus efectos en la geopolítica y la economía global. Su pronóstico pinta un panorama donde la estabilidad regional queda comprometida a largo plazo, independientemente del cese formal de las hostilidades.
