Desde la selva misionera hasta los bosques patagónicos, la diversidad arbórea de la Argentina encuentra un registro visual en el nuevo libro de la fotógrafa y paisajista Ángela Copello. Titulado simplemente «Árbol», la obra de 173 páginas se propone como un recorrido federal que captura la esencia, silueta y esplendor de ejemplares emblemáticos de cada región.
Una mirada que va más allá de la botánica
Copello, con una trayectoria que fusiona el paisajismo y la fotografía, explica que su enfoque no es meramente científico o catalogador. «Entiendo al árbol como un individuo vivo, un testigo silencioso del tiempo. Son refugio, inspiración y guardianes de historias», sostiene la autora. A través de sus imágenes, busca transmitir la conexión profunda que existe entre todos los seres vivos y el mundo vegetal.
La obra, compuesta en un 90% por material fotográfico, muestra los árboles en su plenitud: frutos, flores, hojas y su estructura completa. «Siempre me interesó que el árbol se mostrara bien como individuo. Quería hacer algo bello. Si después el lector quiere saber más, puede investigar», aclara Copello, aunque reconoce un trasfondo didáctico en la selección de especies representativas y en los datos que acompañan las fotografías.
Conciencia y respeto por el patrimonio natural
Uno de los objetivos declarados del libro es generar una mayor conciencia sobre el cuidado del arbolado. La autora, residente en Santa Rita, cerca de Boulogne, observa con preocupación el trato que a menudo reciben los árboles urbanos. «Cada tanto propongo recorridas y veo cómo la gente no los cuida o los poda de cualquier manera. Si la gente conoce, cuida; si no conoce, no», reflexiona.
Esta perspectiva se nutre de lecturas sobre filosofía vegetal y de la comprensión de los árboles como seres comunitarios. «Cada especie cumple una función, no solo para su propia familia, sino para las otras. Se necesitan unos a otros. Los respeto mucho también porque el mundo vegetal tiene el problema de que nace en un lugar y ahí tiene que quedar, no puede migrar», explica.
La elección simbólica de la tapa
Contrariamente a lo que podría esperarse, la imagen de portada no muestra un ejemplar frondoso y verde. Copello eligió un árbol de Carhué que murió tras treinta años bajo agua salada durante una inundación. «Lo elegí como una forma de homenaje», revela. La decisión, que inicialmente generó discusión con la editorial, prevaleció como un potente símbolo de resistencia y memoria.
El proyecto editorial se gestó a partir de un extenso archivo personal de fotografías de árboles que la autora venía recolectando desde hace años, en parte gracias a su trabajo previo en la revista «Jardín» y en el libro «Argentina, Parques y Jardines». «Árbol» se presenta así como una síntesis de su pasión dual, heredada de un padre fotógrafo con quien compartía la tradición dominical de ver diapositivas, y cultivada a través de su formación y experiencia profesional.
