El embajador iraní ante Naciones Unidas calificó los ataques como un «crimen de guerra» y un «acto de terrorismo de Estado», mientras el OIEA expresó su preocupación. La tensión en la región se incrementa con el cierre parcial del estratégico estrecho de Ormuz.
El embajador de Irán ante la ONU, Amir Saeid Iravani, solicitó este sábado al organismo internacional que preste atención a las posibles consecuencias humanitarias y a la exposición a la radiación derivadas de los ataques contra instalaciones nucleares iraníes. La advertencia se produce tras un incidente en la central nuclear de Bushehr, informaron agencias internacionales.
Iravani retomó una comunicación del ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en la que se advierte que estos ataques son ilegales y violan el derecho internacional, constituyendo, según la postura iraní, «un crimen de guerra» y «un claro acto de terrorismo de Estado».
Por su parte, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) manifestó su preocupación. «Irán informó que un proyectil impactó cerca de las instalaciones de la central nuclear de Bushehr, el cuarto incidente de este tipo en las últimas semanas», señaló el organismo. También informó que un miembro del personal de protección física de la planta falleció y que un edificio se vio afectado por la onda expansiva.
Si bien el OIEA indicó que no se reportó un aumento en los niveles de radiación tras estos ataques, su director, Rafael Grossi, expresó su «profunda preocupación por el incidente». Grossi afirmó que las centrales nucleares o sus zonas aledañas nunca deben ser atacadas, ya que pueden contener equipos de seguridad vitales, y reiteró el llamado a la máxima moderación militar para evitar el riesgo de un accidente nuclear.
En un contexto de creciente tensión, Irán permitió este sábado el paso de buques que transportan bienes esenciales a sus puertos a través del estrecho de Ormuz, vía por la que se comercializa aproximadamente el 20% del petróleo a nivel mundial. Según la agencia de noticias iraní Tasnim, los buques con destino a puertos iraníes deben coordinarse con las autoridades y cumplir con los protocolos establecidos.
La medida se produce después de que Irán cerrara casi completamente este paso estratégico, en represalia por ataques que atribuye a Estados Unidos e Israel, y tras una amenaza pública del expresidente estadounidense Donald Trump, quien exigió la apertura total del estrecho al comercio internacional.
