El descenso histórico en el consumo de carne bovina impulsa la búsqueda de otras proteínas animales para la parrilla, como la carne de burro y de guanaco, que comienzan a abrirse paso en el mercado local.
El consumo de carne vacuna en Argentina registra sus niveles más bajos en dos décadas, según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra) y la Bolsa de Comercio de Rosario. Con un promedio de 47,3 kilos por persona al año, la cifra representa una caída significativa respecto a los picos históricos. Este fenómeno, atribuido principalmente al precio final al consumidor, ha motivado a productores a explorar nuevas alternativas proteicas.
Frente a este escenario, carnes como la de pollo y cerdo han incrementado su presencia. No obstante, también emergen opciones menos convencionales. Un productor agropecuario de Chubut está impulsando la comercialización de carne de burro, la cual ya se ofreció de manera experimental en Trelew a un precio considerablemente menor que el de la carne vacuna premium de la región. Según el productor Julio César Cittadini, los cortes obtenidos del burro son similares en aspecto y calidad a los bovinos.
Paralelamente, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) avanza en los trámites para instalar en el mercado la carne de guanaco, con proyectos iniciales en Santa Cruz y el Alto Valle de Neuquén y Río Negro. Esta iniciativa busca diversificar la oferta y aprovechar recursos productivos en regiones donde la cría de ganado bovino es compleja.
Los expertos señalan que la economía familiar y los cambios de hábitos son factores clave en esta transformación del consumo. Mientras la carne vacuna enfrenta desafíos, el sector explora vías para mantener la actividad y ofrecer opciones a diferentes segmentos del mercado.
