En el primer aniversario de la muerte del Papa Francisco, una misa en la Basílica de Luján congregó a funcionarios nacionales y bonaerenses. El arzobispo Marcelo Colombo hizo un llamado a superar la agresividad en el discurso público, en un acto marcado por la ausencia de la vicepresidenta Villarruel.
La misa por el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco, realizada este martes en la Basílica de Luján, congregó a una amplia representación del arco político. Entre los asistentes se encontraron el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof; legisladores nacionales y funcionarios provinciales.
La vicepresidenta Victoria Villarruel no asistió a la ceremonia oficial, optando por un homenaje en la Basílica María Auxiliadora y San Carlos de Almagro, lugar donde Jorge Bergoglio fue bautizado. Villarruel explicó su decisión argumentando que en el acto de Luján se reunía «lo peor de la casta política».
Durante la homilía, el arzobispo de Mendoza y titular de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), Marcelo Colombo, dirigió un mensaje que resonó en el ámbito político presente. «Nos queda aprender de una buena vez y no seguir castigándonos con la indiferencia, el desinterés, la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos violentos», expresó Colombo, quien también reflexionó sobre no haber recogido a tiempo las propuestas del Pontífice.
Al finalizar el acto, el gobernador Kicillof, al ser consultado por los medios, destacó que Francisco «predicó la paz» e hizo un llamado a «hacerle caso a esa enseñanza». Sobre el mensaje del arzobispo Colombo, consideró que «cada uno lo tiene que tomar con seriedad».
Desde Israel, el presidente Javier Milei recordó al Papa como «el argentino más importante de la historia». Mientras tanto, en la ciudad de Rosario, donde el vínculo con Francisco fue intenso, se prepara una misa homenaje para este domingo a cargo del arzobispo Eduardo Martín.
