El barrio del norte de Rosario conmemora el desborde del arroyo Ludueña de 1986, que dejó 80 mil afectados y dio origen a la organización vecinal Numain.
En abril de 1986, el desborde del arroyo Ludueña anegó durante tres días el barrio Empalme Graneros y otras siete zonas de Rosario, en lo que se consideró una catástrofe sin precedentes. Ese 24 de abril, Osvaldo Ortolani, entonces de 26 años, vivía con sus padres en Juan José Paso al 2500. Por la madrugada, notó que la calle se llenaba de agua de vereda a vereda. En poco tiempo, el arroyo se salió de madre y dejó casi dos metros de agua en las calles, más de 20 mil casas arruinadas y unas 80 mil personas afectadas.
Ante la tragedia, los vecinos formaron la organización «Nunca Más Inundaciones» (Numain), que impulsó proyectos de saneamiento para evitar que las lluvias fueran una amenaza. A 40 años de aquel evento, este viernes se realizará un acto en el barrio para recordar «el evento que marcó un antes y un después en una historia de solidaridad y de lucha» y reclamar por las obras que aún faltan.
Ortolani recuerda que en ese otoño Juan José Paso era una avenida angosta y empedrada, la mayoría de las calles eran de tierra, no había agua potable en las casas ni iluminación. Las inundaciones eran frecuentes: hubo 17 desde comienzos del siglo XX. «Después de cada crecida, cuando salía el sol, había que empezar de nuevo», dice. Sin embargo, destaca que la inundación del 86 fue un hecho histórico que cambió el barrio para siempre.
El entonces intendente Horacio Usandizaga calificó la situación como «catástrofe histórica y sin precedentes». El estadio de Rosario Central se convirtió en centro de evacuados, alojando a 15.000 personas. El agua también afectó a Fisherton, Alberdi y Arroyito. El 25 de abril, la tapa de La Capital hablaba de una «catastrófica inundación» y mostraba una foto aérea de la avenida de los Trabajadores convertida en río.
«El agua nos agarró desprevenidos», recuerda Ortolani. Esa semana hubo grandes lluvias en la cuenca superior del Ludueña; cuatro días después la crecida llegó a la parte baja. «En poco tiempo el agua llegó a nuestras casas. Nadie avisó nada, más de un vecino se despertaba y pisaba agua», rememora. Con cada inundación se multiplicaban las asambleas en la vecinal, la iglesia, los clubes. «Lo que cambió en el 86 —considera— es que por primera vez nos dimos cuenta de que teníamos que hacer algo todos juntos. Así nació Numain».
La primera movilización reunió a unas 15 mil personas. «Estábamos todos: radicales, peronistas, comunistas; ateos y religiosos; estudiantes y trabajadores», dice. Recibieron asesoramiento en hidráulica de la Facultad de Ingeniería de la UNR y aprendieron sobre cuencas, caudales y velocidades de escurrimiento. «Teníamos un objetivo común: dar pelea para no inundarnos», subraya.
Actualmente, la cuenca del Ludueña cuenta con los conductos Aliviadores I, II y III, el conducto Olivé y el conducto Sorrento, además de una presa de retención, infraestructura construida desde 1995 que alejó el fantasma de otra gran inundación. Sin embargo, Numain advierte que las nuevas urbanizaciones en localidades aledañas a Rosario generan problemas como la impermeabilización del suelo y falta de saneamiento. «Todavía faltan obras. Para sanear definitivamente la cuenca hacen falta cinco nuevas represas», advierte Ortolani. «Hoy tenemos un diagnóstico. Los gobiernos saben qué hay que hacer», concluye.
Este viernes, la Vecinal Empalme Graneros y Numain realizarán un acto central para conmemorar el 40° aniversario, «un evento que marcó un antes y un después en una historia de solidaridad y de lucha en la ciudad de Rosario».
