El gobierno de Javier Milei formalizó su ingreso a Pax Silica, una coalición impulsada por Estados Unidos orientada a garantizar la continuidad de las cadenas de suministro para el desarrollo de inteligencia artificial. El canciller Pablo Quirno confirmó la adhesión desde Nueva York.
El gobierno de Javier Milei se sumó a Pax Silica, la iniciativa de Estados Unidos para procurarse la continuidad de las cadenas de suministro para el desarrollo de la inteligencia artificial e industrias asociadas. El canciller Pablo Quirno adelantó lo que se formalizará este viernes en Washington y representa un nuevo paso en el alineamiento de la administración libertaria con la política exterior norteamericana.
En febrero de 2026, Argentina ya había firmado un acuerdo marco con Estados Unidos sobre minerales críticos, orientado a garantizar su suministro y procesamiento. La nueva adhesión profundiza ese vínculo. Quirno confirmó la nueva adhesión desde Nueva York, donde participaba de la sesión anual del Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Luego, el canciller tenía previsto acompañar a Milei a Madrid para dar una clase en una universidad privada y recibir otro premio de pares ideológicos. Por eso, el documento será rubricado por el embajador argentino en Washington, Alec Oxenford.
La firma del acuerdo será durante conferencia de dos días en el Instituto de la Paz Donald Trump, que presidirá el subsecretario de Asuntos Económicos del Departamento de Estado, Jacob Helberg. Según Quirno, la adhesión «permitirá a la Argentina participar de esfuerzos conjuntos para concretar inversiones, construir infraestructura y generar incentivos en todos los niveles de la cadena de suministro global de inteligencia artificial». El canciller agregó que así el país «se consolida como proveedor confiable de minerales críticos y recursos estratégicos necesarios para el desarrollo de la inteligencia artificial y actor relevante en materia tecnológica».
El Gobierno presentó la incorporación como una extensión lógica del acuerdo firmado en febrero y como una profundización de la relación estratégica bilateral. En la Casa Rosada se ilusionan, contra la experiencia del Rigi, en que el ingreso al esquema impulsado por Trump puede traducirse en inversiones concretas. Lo fundan en las reservas significativas de litio, cobre y otros recursos del país que son estratégicos para la nueva economía digital.
Pax Silica fue lanzada oficialmente el 12 de diciembre de 2025 durante una cumbre inaugural celebrada en Washington. Allí, los países participantes firmaron la llamada Declaración Pax Silica, no vinculante, que fijaba un marco de «cooperación» económica y tecnológica. La iniciativa es coordinada por el Departamento de Estado de Estados Unidos y fue diseñada como una plataforma para que gobiernos y sectores empresarios coordinen inversiones, alineen incentivos de mercado y aceleren el desarrollo de industrias consideradas estratégicas, siempre con el centro en las industrias estadounidenses.
Las áreas de cooperación que contempla la iniciativa abarcan conectividad e infraestructura de datos, computación y semiconductores, fabricación avanzada, logística, refinación y procesamiento de minerales, y energía. La coalición reúne actualmente a países que cubren distintos eslabones de la cadena: semiconductores (Japón, Corea del Sur, Países Bajos), minerales críticos (Australia, India), energía y capital (Qatar y Emiratos Árabes Unidos), conectividad (Singapur), diseño de chips (Reino Unido e Israel) y el liderazgo tecnológico y estratégico de Estados Unidos. También integran la alianza Alemania, Noruega, Suecia, Finlandia, Grecia, Filipinas y la Unión Europea.
El Gobierno de Milei argumenta que el alineamiento tecnológico posiciona a Argentina como proveedor de minerales críticos dentro del esquema de Pax Silica, facilitando la explotación de sus reservas de litio, cobre y otros recursos del subsuelo. Sin embargo, el análisis de los términos concretos de la participación argentina revela un perfil definido y de alcance limitado: el país ingresa a la coalición en el eslabón extractivo, como ocurrió con el petróleo y la soja en etapas anteriores de la historia económica nacional. No hay indicios en los documentos oficiales ni en las declaraciones del Gobierno de que la adhesión contemple el desarrollo de capacidades industriales propias en semiconductores, procesamiento avanzado de minerales o fabricación tecnológica de valor agregado.
