El taller de la Scaloneta: la intimidad de un grupo que luchó contra el reloj

La selección argentina finalizó su participación en el Mundial 2026 con una derrota en la final ante España, tras un torneo marcado por altibajos emocionales y físicos.

Terminó la participación de la selección argentina en el Mundial 2026. El plantel experimentó diversos estados anímicos durante el torneo, desde euforia y alegría hasta preocupación, angustia y decepción, tras no lograr el bicampeonato. Según informó La Capital, el equipo transitó cada día con una montaña rusa de emociones en su periplo por Estados Unidos.

El saldo del torneo, según fuentes del vestuario, fue de orgullo y misión cumplida, sin reproches internos. La selección compitió hasta el límite físico en la final ante España, que ganó con justicia en el alargue en Nueva York.

El grupo comenzó el Mundial con la sensación de que podría ser el cierre de un ciclo virtuoso, con los títulos de Qatar 2022 y dos Copas América. La Capital fue testigo de que en cada partido y práctica los jugadores observaban atentamente a Lionel Messi, quien disputó su sexta Copa del Mundo y, por calendario, la última del diez.

Messi y el cierre en las grandes ligas

Messi encaró cada práctica como si fuera la última, según observaciones del entorno. Compartió bromas con compañeros y entrenó con exigencia para llegar al máximo rendimiento. Anotó ocho goles y jugó casi todos los minutos del torneo, incluyendo un partido extra y largas distancias entre sedes.

Brilló en la fase de grupos con victorias ante Argelia en Kansas City, Austria y Jordania en Dallas. Allí renació el romance con la gente, con el cántico “Muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar” sonando en las tribunas. El equipo se mostró distendido, feliz y tranquilo, con asados en la concentración que unían al grupo y contacto cordial con la prensa.

La adrenalina de los mata-mata

En los cruces eliminatorios, el equipo bajó su nivel de juego y tuvo baches pronunciados, pero se fortaleció desde el coraje. Así llegaron victorias agónicas ante Cabo Verde en Miami, Egipto en Atlanta y Suiza en Kansas City. El punto más saliente fue la remontada frente a Inglaterra en Atlanta, considerado el mejor partido del torneo.

Los goles de Enzo Fernández y el Toro Martínez dieron el triunfo ante Inglaterra, lo que generó un carnaval en las tribunas. Ese partido fue el último gran festejo de la Scaloneta y posiblemente el último gran gusto de Messi en Mundiales: ganar al rival histórico y obtener el boleto a la final.

El triunfo que valió casi una estrella

Ese día la comunión fue total, celebrado casi como un título. El adversario era el único con el que no se podía perder, por el honor y el recuerdo de los veteranos de Malvinas, y por el hito del Mundial de México 1986, donde Diego Maradona marcó la Mano de Dios y el Gol del Siglo.

La descarga de adrenalina en Atlanta dejó al equipo con pocas energías para la final ante España, un rival que llegó en su máxima curva de rendimiento.

Sin energías en la final

Por la crisis energética, potenciada por lesionados y el límite físico del plantel, la final fue despareja. España fue arrolladora y dominante, mientras Argentina padeció el partido desde el minuto uno hasta el minuto 120 del alargue, terminando con diez jugadores por la expulsión de Enzo Fernández.

La derrota mostró la cara más triste del proceso. Messi, quebrado, miró a los hinchas y escuchó ovaciones desde la tribuna, mientras España recibía la copa. Fue la imagen final de un ciclo considerado uno de los mejores de la historia del fútbol argentino.

Scaloni y lo que viene para el DT

Scaloni bancó a sus jugadores durante la Copa, hizo malabares para minimizar el daño de las lesiones, pero en la final se quedó sin plan B. Ahora deberá resolver su continuidad de cara al próximo proceso mundialista, el de 2030, que tendrá un partido en Argentina. El Dibu Martínez también puso en duda su continuidad.

La emoción de Messi, Scaloni y los jugadores fue el sentimiento compartido en el estadio MetLife y en cada rincón de Argentina, donde el abrazo fue de contención y respaldo.

“Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, frase de Joan Manuel Serrat, se ajusta a la sensación en el vestuario argentino. Por varios meses imperará el duelo por lo que pudo ser y no fue.

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