Sebastián Suárez Meccia, conocido como Palmerita, relata su infancia en Arroyo Seco, su camino hacia la veterinaria y su oficio de herrador.
Sebastián Suárez Meccia, conocido como Palmerita, es veterinario y herrador en la región de Santa Fe. En una entrevista, relató su infancia en Arroyo Seco, su paso por la escuela agrotécnica y su carrera profesional.
Infancia en Arroyo Seco
Palmerita describió su infancia en Arroyo Seco como «muy sana». En esa época, dijo, «no teníamos celular, teníamos bicicleta, gomera, jugábamos al 25 con prendas». Explicó que el juego consistía en sumar puntos con una pelota, y que el perdedor era sometido a un remate contra un paredón.
También recordó los kartings caseros hechos con cajones de manzanas, ejes de madera y rulemanes de metal, con los que competían en carreras al atardecer.
Origen del apodo
Consultado sobre su apodo, afirmó: «Siempre me dijeron Palmerita, calculo que por Palmieri». Mencionó que su físico de jockey fue notado por Jorge Meirele, tío de su esposa, veterinario frente al Hipódromo de San Isidro, quien le dijo: «Te agarraba 10 años antes y te hacía millonario».
Pasión por los caballos
Su interés por los caballos surgió en la infancia, cuando su madre compró un campo al lado del arroyo Pavón. «Antes cualquiera tenía un caballo en el pueblo, lo ataba en la vía y lo hacía pastar a soga», recordó. Contó que una vez tumbó un tapial de un vecino con un caballo llamado Catriel.
Camino hacia la veterinaria
Realizó el secundario en la escuela agrotécnica Nº 327 de Bigand, donde fue pupilo. Luego estudió un año y medio de Ingeniería Agronómica en la UNR de Zavalla, pero abandonó. Trabajó como barman, perito clasificador de cereales y en control de buques en puertos.
Decidió estudiar Veterinaria después de conocer a su esposa, María, a través de su familia. «Mi vieja me dijo: ‘Siempre te gustó Veterinaria. ¿Por qué no arrancás?'», relató. En la facultad, sus compañeros lo llamaban «el Viejo» por ser el mayor.
Oficio de herrador
Para costear sus estudios, aprendió el oficio de herrador con el veterinario Federico Oyuelas, especialista en pie equino en San Isidro. Explicó que el herraje consiste en nivelar el casco, cortar el candado de ranilla, recortar con tenaza y escofina, y adaptar la herradura al casco. Aclaró que el animal no siente dolor porque el clavo entra por un tejido sin sensibilidad.
«Estudiar Veterinaria es mucho más difícil que herrar un caballo», afirmó, y recomendó a los jóvenes que se animen a seguir sus sueños.
Trabajo actual
Actualmente trabaja como veterinario en un feed lot en Pavón Arriba, donde llega a caballo para detectar animales enfermos. También es ayudante de primera en la cátedra de Clínica Médica y Quirúrgica de Grandes Animales en la facultad.
Entre sus proyectos, mencionó la creación de una Escuela de Herradores en Veterinaria, con el objetivo de «devolver un poquito de lo que recibimos con este oficio que tiene mucha salida laboral».
