La psicóloga evolutiva Désirée Popelka, en entrevista con Swissinfo, analizó el fenómeno de las parejas virtuales creadas con inteligencia artificial y señaló riesgos como la dependencia emocional y la falta de aprendizaje social.
La inteligencia artificial (IA) ya no se limita a responder preguntas o generar contenido; también se utiliza en el ámbito de los vínculos afectivos. Las llamadas “novias de IA” y “novios virtuales” son bots diseñados para conversar y forman parte de un mercado en expansión. Entre sus características se encuentran la disponibilidad permanente, la atención personalizada y la ausencia de rechazo.
Désirée Popelka, psicóloga evolutiva, fue entrevistada por el medio suizo Swissinfo sobre este fenómeno. Según la especialista, “tener una pareja virtual ya no es un fenómeno marginal”. Popelka basó su afirmación en una investigación en la que participaron 2.312 personas, de las cuales más de 183 mantenían una relación estable con una pareja virtual.
Popelka explicó que el fenómeno se inscribe en una transformación más amplia: mientras aumenta la cantidad de personas que viven solas o sin pareja, la intimidad encuentra respuestas comerciales y tecnológicas.
El “amor” a medida
La psicóloga describió una evolución que atraviesa distintos niveles de “amor externalizado”. Uno de ellos es la “Girlfriend Experience”, un tipo de encuentro basado en la sensación de compañía, cercanía e intercambio emocional. Según Popelka, en ese modelo se busca reciprocidad y una experiencia compartida.
Ese modelo también se trasladó al ámbito digital. Plataformas como OnlyFans contribuyeron a convertir la compañía y la interacción personalizada en servicios contratables. Esto modificó la percepción de algunas actividades, particularmente entre mujeres jóvenes, que pueden interpretarlas como una forma de autonomía económica, según la especialista.
Popelka señaló que quienes ofrecen estos servicios deben sostener una identidad diseñada para generar conexión emocional con el cliente, y consideró esto como algo “preocupante”.
Automatización más allá de lo sexual
Las parejas creadas mediante IA pueden adaptar sus respuestas a las preferencias del usuario y mantener disponibilidad constante. No se cansan, no duermen, no tienen un mal día y no están diseñadas para rechazar. Popelka describió este mecanismo como una forma de validación permanente.
Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano está preparado para responder favorablemente a las señales de aprobación social. Por eso, una reacción emocional simulada por una máquina puede producir una respuesta subjetiva que el usuario percibe como auténtica.
Popelka citó un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT) según el cual, después de la búsqueda de información, los juegos de rol sexuales son uno de los usos más frecuentes de ChatGPT. El fenómeno no se limita a la interacción sexual: la cuestión central es la posibilidad de establecer con una máquina una relación emocional en la que el algoritmo está diseñado para satisfacer las expectativas del usuario.
El problema de una pareja virtual que nunca contradice
La ausencia de conflictos puede parecer una ventaja, pero Popelka señaló uno de los principales riesgos. Las relaciones humanas están atravesadas por desacuerdos, negociaciones, frustraciones y compromisos. Una persona puede decir que no, tener otra opinión, cambiar de humor o sentirse herida. Una IA puede ser programada para mantenerse constantemente del lado del usuario.
Para la psicóloga, eso puede convertir a la pareja virtual en una suerte de “espejo narcisista”: en lugar de encontrarse con alguien diferente, la persona se relaciona con una versión adaptada de sí misma. El efecto puede ser inicialmente positivo, pero el problema aparece cuando la sensación de bienestar se convierte en dependencia.
Dependencia emocional
“Existen indicios claros de un potencial adictivo. Se desarrolla una dependencia emocional del estímulo constante”, afirmó Popelka. La conversación puede continuar a cualquier hora y la respuesta llega sin necesidad de esperar, negociar o exponerse al rechazo.
Otro elemento sensible son las actualizaciones de los sistemas. Si una compañía modifica la personalidad o el comportamiento de una pareja virtual, el usuario puede percibir que la figura con la que había construido un vínculo dejó de ser la misma. Popelka señaló que se han registrado situaciones en las que esos cambios generaron crisis emocionales entre usuarios, incluso con pensamientos suicidas.
Qué pasa cuando no hay rechazo
El problema no se reduce a la dependencia, según la especialista, sino que también está relacionado con el aprendizaje social. Una parte importante de las relaciones humanas se aprende enfrentando situaciones incómodas: conocer a alguien, intentar acercarse, descubrir que el interés no es correspondido, aceptar una negativa, resolver una discusión, llegar a un acuerdo y tolerar la incertidumbre.
Una pareja virtual puede eliminar buena parte de esas experiencias. Popelka advirtió que, si una persona se acostumbra a interactuar con alguien que siempre responde según sus expectativas, puede resultar más difícil enfrentar la complejidad de un vínculo real.
Adolescentes y IA
La adolescencia es una etapa importante para el desarrollo de habilidades sociales. Según Popelka, estudios realizados en Estados Unidos indican que más del 70% de los adolescentes de ese país ya utilizó este tipo de herramientas. La especialista sostuvo que la cifra es preocupante porque durante esos años se experimenta con las relaciones y se aprende a tolerar la ambigüedad.
Si ese aprendizaje se produce principalmente en espacios digitales donde los algoritmos están diseñados para satisfacer al usuario, existe el riesgo de que algunas habilidades necesarias para los vínculos presenciales no se desarrollen de la misma manera. Por eso, Popelka consideró que la posibilidad de establecer restricciones de edad merece ser discutida. A su juicio, los adolescentes son un grupo especialmente vulnerable frente a la dependencia emocional y a la falta de controles sobre los datos personales.
Mercados de “parejas sintéticas”
El fenómeno se desarrolla de manera distinta según el país. Un estudio de la académica estadounidense Zilan Qian señaló que más de la mitad de las compañías dedicadas a productos eróticos basados en IA se encuentran en Estados Unidos, donde predominan los desarrollos de “novias sintéticas” dirigidas a hombres heterosexuales.
China presenta otro modelo: los principales desarrollos de IA orientados al romance están dirigidos en buena medida a mujeres jóvenes. En lugar de centrarse principalmente en la sexualidad explícita, estos productos buscan ofrecer una figura de “novio idealizado”: personajes masculinos presentados como sensibles, atentos y protectores.
El mercado de la compañía
La transformación de los vínculos no comenzó con las parejas artificiales. Antes de que una máquina pudiera convertirse en un compañero permanente, ya había surgido un mercado para la compañía humana. En distintos países aparecieron plataformas que permiten contratar compañía para actividades concretas, un fenómeno conocido como “alquiler de amigos”.
La lógica es diferente a la de una pareja de IA, porque sigue existiendo otra persona detrás de la relación, pero coincide en la comercialización de la compañía como respuesta a la soledad.
