A los 78 años, el músico, cantante y compositor Carlos Mellino repasa su trayectoria, desde sus inicios con Leonardo Favio hasta el éxito de ‘Juntos para siempre’, y anuncia su retiro de los escenarios.
Carlos Mellino nació en San Telmo, en el seno de una familia de inmigrantes italianos dedicada a la industria del pescado. Se crio en un petit hotel de tres plantas ubicado en Constitución. “Era una época de bonanza y nosotros gozábamos de una vida acomodada”, recuerda. Al crecer, lo suyo podría haber sido el mundo de los negocios o del comercio. Pero no, desde pequeño mostró una fuerte inclinación hacia la música y sus padres lo alentaron a seguir su vocación.
“En mi casa teníamos uno de los primeros tocadiscos del país, y escuchábamos de todo: fundamentalmente tango y música clásica. Y en cada fiesta que organizaban yo era el que cantaba. A los cinco años me hacían subir a una mesa y emulaba a Joselito (el niño prodigio de la canción y del cine español de aquel entonces)”. Luego, esa misma demanda se trasladó al colegio primario, pero con un poco más de presión. “Yo era el que interpretaba en cada acto escolar el “Only You” de Los Plateros, que era el hit en inglés de la época”. A partir de ahí aprendió a tocar la guitarra y el contrabajo y se enamoró del jazz. Eso, claro, hasta que aparecieron los Beatles. “Aquello fue una conmoción a escala mundial, lo que nos cambió la cabeza a todos. Me entusiasmé tanto con esa onda que me puse a componer canciones como loco y no paré más”, relata.
Hoy, a los 78 años, Carlos Mellino asegura que no se arrepiente del camino elegido. En los 70 formó parte de Alma y Vida, grupo fundacional del rock nacional, que se caracterizó por aunar el rock con el jazz. Allí se desempeñó como cantante, tecladista y coautor de clásicos como “Salven a Sebastián” y “Como el gemido de un gorrión”. Luego emprendió una carrera solista que tuvo su mayor pico de popularidad en los 90, al componer con Alejandro Lerner el tema del programa La banda del Golden Rocket: “Juntos para siempre”.
Hasta el año pasado se mantuvo activo, ofreciendo shows en Capital y en el interior del país. Ahora, a punto del retiro, recibe a LA NACION en su hogar de Olivos para revisitar el pasado, rememorar anécdotas y saldar cuentas.
Comienzo profesional
-¿Cómo fue tu comienzo profesional, en los 60? ¿Empezaste cantando en inglés?
-Sí, con Alejandro Medina integrábamos el grupo beat The Seasons. Él tocaba el bajo y yo la guitarra eléctrica. Allí componíamos y cantábamos en inglés. Yo no quería cantar en castellano porque no existe una mejor pronunciación que la del idioma inglés. También hacíamos algunos temas de los Beatles y nos vestíamos como ellos. Actuábamos, fundamentalmente, en el Gran Buenos Aires. Duramos dos años. En el museo de The Beatles en Londres hay una foto nuestra junto a las 600 bandas que hacían y hacen covers de ellos.
Génesis de Alma y Vida
-¿Cómo fue la génesis de Alma y Vida? ¿Es verdad que nació de un desmembramiento de la banda que acompañaba a Leonardo Favio?
– Sí. Yo, después de la disolución de The Seasons había largado la música y me había dedicado a pintar; pintaba al óleo, hacía arte clásico. Hasta que un día me llama Hugo López, que luego fue representante de Luis Miguel, y me convence para acompañar a Favio en su lanzamiento como cantante. ¡Nos pagaban fortunas! En su banda toqué el órgano y la guitarra durante dos años. Estábamos Bernardo Baraj, Carlos Villalba, Alberto Hualde, Mario Salvador y yo. Luego, cuando Leonardo se fue a filmar Juan Moreira, nos quedamos sin trabajo y decidimos armar un conjunto. Bernardo tiró el nombre Alma y Vida y ahí quedó. A partir de entonces fue como si Dios nos hubiera tocado con su mano: desde el principio convocamos la misma cantidad de público y conseguimos el mismo dinero que Favio. Fue todo una locura.
-¿Por qué esta vez aceptaste cantar en castellano?
-¿Sabés quién nos convenció? Mi mamá. Ella le dijo a Bernardo que yo tenía que cantar en castellano porque ya estaban Los Gatos, Almendra, Manal, Vox Dei, Arco Iris… Todos estaban en esa y no podíamos negarnos. Yo, hasta ahí, sentía que si cantaba en castellano traicionaba a los Beatles. Pero al final del 69 acepté y empecé a componer en nuestro idioma; primero solo, luego con Bernardo y más tarde con mi hermano Esteban.
Conciencia de movimiento
-En los comienzos de Alma y Vida, ¿eran conscientes de que integraban un movimiento? ¿O, aún más, que estaban fundando uno, el del rock nacional?
– Sí, sí, sí. Todos éramos conscientes de eso y estábamos consustanciados con un montón de cosas. Pero no éramos un movimiento unificado. Digamos que había discrepancias de tipo político, había algunas cosas con las que no comulgábamos mucho, aún dentro de nuestro propio grupo había diferencias al respecto. Por eso siempre tratamos de no hablar de política. Y de priorizar la música.
-No obstante, para algunos Alma y Vida era una banda politizada. Como para otros, un grupo netamente comercial. ¿Cómo te llevás con ambas definiciones?
-Lo de comercial… había tipos que pensaban que el rock era otra cosa, por eso decían eso de nosotros. Tal vez lo hacían por envidia, porque vendíamos muchísimos discos. Mientras que la mayoría de los grupos vendían 10.000 discos, nosotros vendíamos 90.000. Por eso decían que éramos comerciales. ¿Y qué? Pero nosotros no hacíamos música comercial, no hacíamos nada adrede para vender más, simplemente hacíamos la música que nos surgía. Por suerte la gente nos aceptaba y compraba nuestros discos. En cuanto a lo de politizada, cada uno tiraba para su lado, pero la magia del grupo lo tapaba todo.
-Digamos que en repertorio convivían “Hoy te queremos cantar” con “Vamos hermano americano”.
-En su momento discutimos mucho acerca de cómo iba a ser la letra de “Hoy te queremos cantar” y no nos pusimos de acuerdo. De todos modos, yo la canté y se convirtió en un himno. Pero uno cambia con los años, y no pensás lo mismo a los 20 que a los 40 o a los 78, como tengo ahora. En la última reunión de Alma y Vida me planté y les avisé: “Yo no la canto más”. Y así hice, nomás.
-¿Por qué?
-Porque yo no estaba de acuerdo con lo que nos hicieron creer cuando teníamos 25 años, con lo que nos dijeron que era verdad. La canción fue gestada en un momento histórico de mucho triunfalismo.
-¿Te referís al regreso de Perón a la Argentina?
-Sí. A mí no me gustó cuando Perón se encontró con los Montoneros. Ahí empecé a entender los artilugios de la política. Cuando tenés 20 años sos un idealista. De hecho en ese tiempo yo pensaba que el Che Guevara era un héroe, después entendí que era un asesino de mierda. En algún punto sentí que en ese momento todos los jóvenes habíamos metido la pata por culpa del marxismo. Desde entonces la política me da asco. La detesto.
-Se te nota afectado por el tema…
-¿Sabés lo que pasa? Tengo 78 años y en todo este tiempo me di cuenta de muchas cosas, entre ellas de cómo me cagaron. De cómo nos cagaron. Todos, uno tras otro. Yo, para tener esta casa que ves acá… ¿Sabés quién hizo esta casa? Yo, solito, poniendo ladrillo sobre ladrillo. Nadie me ayudó, ningún gobierno lo hizo. Comprendí que toda la política es puro verso y corrupción. Y no me hagas hablar más del tema porque puedo estar horas ofreciéndote pruebas.
Canciones favoritas y reconocimiento
-Ok. Volvamos a la música. ¿Tus canciones favoritas de Alma y Vida son necesariamente las más famosas?
-Todos los temas de Alma y Vida son buenísimos, no sólo los más populares. En ningún álbum del grupo hay un tema de relleno. Por algo los temas de Alma y Vida han sido tan versionados, fundamentalmente “Cadenet”, “Del gemido de un gorrión”, “Salven a Sebastián”, “Para mí no hay jaula”, “Mujer, gracias por tu llanto” y “Niño color cariño”.
-¿Creés que Alma y Vida tuvo y tiene el reconocimiento que se merece?
-En cierto modo el reconocimiento está claro: no sólo por los discos vendidos, sino por la cantidad de recitales que hemos hecho. Ahora, como pelotudos hay en todas partes… Vuelvo con el tema de la envidia. Si nuestros detractores tuvieran razón, Alma y Vida no hubiera vuelto todas las veces que lo hizo y yo no hubiera subsistido todos estos años. Lo que pasó con Alma y Vida es que hubo mucho prejuicio. Aún hoy son muchos los que no se animan a decir que el grupo les encanta.
Separación y regreso
-¿Por qué se separó Alma y Vida en 1976?
-Nos separamos porque ellos se querían ir a España y yo no. Yo me estaba terminando de construir mi casa –esta casa que ves, la de siempre- y mi mujer estaba embarazada. Obviamente no me iba a ir. Ellos se querían ir a España porque estaba de moda ir para allá, y porque para algunos integrantes del grupo no había guita que alcanzara… Así que quedamos en hacer shows hasta finales de los carnavales y listo. ¿Y qué pasó después? Al final nos separamos y ellos nunca se fueron.
-Antes de la separación, ¿vos ya tenías la idea de debutar como solista?
-No, para nada. No me quedó más remedio que convertirme en solista para sobrevivir. Y terminar de construir la casa, claro. Más allá de que muchos siempre me decían “Alma y Vida sos vos”, si hubiera sido por mí, yo hubiera seguido en el grupo. Pero no pudo ser, así que tuve que empezar de cero, componer otros temas y armar una banda. Mal no me fue, ¿no? De todas maneras, más adelante nos volvimos a juntar y Alma y Vida regresó varias veces a pedido del público. Hasta que el asunto no dio para más, no podíamos seguir despidiéndonos permanentemente como Los Chalchaleros.
Éxito en los 90
-¿Cómo nació, ya en tu etapa solista, la relación con Alejandro Lerner y la composición de “Juntos para siempre”, en los 90?
-Un día me encuentro con Alejandro en un almuerzo al que me habían invitado en la Costanera. Yo justo venía del estudio de grabación, donde había estado pergeñando algo. Como ya nos conocíamos y nos respetábamos, se me ocurrió preguntarle si no quería venir otro día a casa a escuchar lo que estaba armando. Me dijo que sí y al domingo siguiente apareció con su novia. Lo que escuchó inmediatamente le encantó. Pero ahí quedó la cosa. Hasta que un día me llama por teléfono y me dice: “Hice una letra para la música que compusiste vos”. Yo me quedé sorprendido porque no se la había hecho escuchar con segundas intenciones. Después me dijo que le acababan de rebotar en El Trece un tema que había hecho para un programa y que, si estaba de acuerdo, presentaría este otro tema, el nuestro, como segunda opción. Los que tenían que decidir eran los autores del ciclo, Jorge Maestro y Sergio Vainman. Ellos se enloquecieron, era justo lo que necesitaban como cortina para La banda del Golden Rocket. Así que el tema nació así, de casualidad, sin querer queriendo. A partir de ahí, y gracias a ese tema, no paramos de hacer shows, fundamentalmente en colegios. Juntos o por separado.
-Es que La banda del Golden Rocket fue uno de los mayores sucesos televisivos de aquella década, una mina de oro que benefició a muchísima gente.
-El otro día, filmando una serie, Fabián Vena –que participó del elenco del programa- me invitó con un fernet. Después de rodar nuestras escenas me despedí con un “Bueno, Fabián, te debo una”. Y él me respondió: “No te preocupés, vos, con tu canción, me diste mucho más de lo que te puedas imaginar”.
Debut como actor y retiro
-¿Cómo filmando una serie? ¿Debutaste como actor a los 78 años?
-Exacto. En la serie de ocho capítulos que dirige mi sobrino Nicolás Mellino, que aún no se dio a conocer. Se llama Teta y Metralleta. Yo hago de un portero muy gracioso, que lleva y trae todo el tiempo.
-Hasta el año pasado estuviste brindando shows…
-Sí. Solo con mi piano. Porque, aunque suene feo decirlo, hoy creo que no hay nada peor para un músico que otro músico. Y yo quiero disfrutar arriba del escenario y no tener problemas, porque después aparece el tema de la camioneta, el de los plomos y el de la mar en coche. Y yo ya estoy en una edad en la que, para decírtelo en criollo, se me hincharon las pelotas. ¿Entendés? Hay cosas que no las aguanto más. Mis últimos shows los hice en Clásica y Moderna y Café La Humedad con lleno total. Hasta vino gente de Mendoza y Córdoba.
-¿Por qué no actuás más? ¿Te retiraste?
-He decidido hacer una última presentación. No voy a dejar de cantar porque eso lo haré siempre, pero no quiero estar más sobre un escenario por el enorme estrés que eso implica. Creo que ya fueron muchos años de estrés y estrés. Hoy estoy negociando con varios teatros, pero, si pudiera elegir, me gustaría despedirme en el Astral, donde he actuado varias veces y tanto tiene que ver con mi historia. Me gustaría que mi último recital fuera más bien sencillito, nada pomposo. Con tres coristas, un bajista y un baterista como únicos acompañantes, y no en todo el recital. Así me imagino el show del adiós: un recital neto, donde reine la música.
-¿El adiós de los escenarios también tiene que ver con tu salud?
-Hace siete años sufrí un infarto, me operaron del corazón y me hicieron cuatro by pass. Y hace cuatro, tuve un ACV. Ahora sólo sufro del ciático. Digamos, entonces, que podría seguir trabajando. Pero no quiero morir sobre un escenario.
Orgullo personal
-Por último, Carlos, ¿cuál es tu mayor orgullo?
-¿Además de mi familia? Que mi música sea la banda de sonido de la vida de muchísima gente. Y que me quieran por eso. Cuando voy al supermercado, de repente alguien me choca con el carrito y se queda duro. “¿Sos vos?”, me dicen sin poder creerlo. “Sí, soy yo”, respondo. Ahí me abrazan y se ponen a llorar. No sabés la felicidad que eso me produce.
