Cartas coleccionables: el negocio detrás de un mercado que mezcla juego e inversión

Juan Bautista Burgos, un rosarino de 26 años, abrió CascoTCG a fines de abril, un local especializado en cartas de colección que propone encuentros competitivos y compraventa de Traiding Card Games (TCG). El comercio, ubicado en calle 9 de Julio al 1000, concentra alrededor de 100 encargos mensuales de productos importados.

El entretenimiento parece ser cada vez más una exclusividad del mundo digital: desde la música y las películas, hasta los videojuegos, todo se encuentra disponible en plataformas de streaming o de comercio electrónico y se consume a través de las pantallas. Sin embargo, todavía quedan algunos refugios para el encuentro personal y los objetos físicos, como los juegos de mesa o las cartas coleccionables.

Juan Bautista Burgos, un rosarino de 26 años, abrió CascoTCG a fines de abril. Se trata de un local especializado en cartas de colección, llamadas Traiding Card Games (TCG), que propone encuentros competitivos y compraventa de este tipo de coleccionables.

La actividad de Burgos empezó algunos años antes de decidirse a inaugurar el comercio de calle 9 de Julio al 1000, importando a pedido cartas que no se consiguen fácilmente en Argentina. El sistema creció rápidamente y hoy concentra alrededor de 100 encargos mensuales con montos que han llegado a elevarse hasta $1,5 millones en un único pedido.

Qué son las Traiding Card Games

Antes de analizar la actividad, cabe repasar qué es un TCG. Las cartas coleccionables no son un producto nuevo, como primer antecedente suelen considerarse las tarjetas de jugadores de baseball en Estados Unidos, creadas por la empresa The Allegheny Card Co. a principios del siglo XX. Sin embargo, en la década de 1990 apareció la franquicia Magic: The Gathering, que impulsó el furor al resto del mundo. Si bien hoy existen múltiples marcas como Yu-Gi-Oh!, Pokémon, Digimon, Magic, One Piece y Riftbound, el principio básico del juego consiste en que cada carta tiene características y parámetros individuales que luego se enfrentan uno contra uno. Los jugadores juegan con mazos personalizados de unas 40 unidades, por lo que siempre están a la busca de ediciones raras o con mejores estadísticas para la competencia.

Burgos compra productos provenientes de Estados Unidos y Canadá, aunque también opera con mercados como Italia, Alemania y España.

Foto: Héctor Rio / La Capital

Cada fabricante de cartas organiza y reglamenta su proprio circuito de torneos a nivel internacional. Hay ramificaciones locales, provinciales, nacionales e incluso se celebran torneos a nivel continental y mundial. Actualmente, en CascoTCG se disputan campeonatos que suman puntos para los rankings oficiales de las distintas franquicias, con lo cual los jugadores pueden aspirar a instancias globales, donde se compite por importantes premios económicos: el último campeón mundial de la franquicia Pokémon se llevó u$s 30.000.

Cómo se establece el valor de cada carta

La misma lógica de la competencia es la que determina, en parte, el valor de los productos: una carta decisiva para construir un mazo fuerte puede disparar su valor. Hay cartas que cotizan por encima de los u$s1000 y, según Burgos, cada pieza funciona prácticamente como un mercado independiente. Entre las variables aparecen la rareza, la cantidad disponible, la popularidad del personaje representado y la presencia de un autógrafo o una edición especial.

Esa cotización no siempre sube. Los jugadores siguen calendarios de lanzamientos, nuevas expansiones, listas de prohibiciones y rotaciones. De acuerdo con Burgos, una carta de u$s100 puede perder hasta un 90% de su valor si deja de estar habilitada para competencias por modificaciones en el reglamento oficial elaborado por los propios fabricantes. También influye el calendario: cuando pasan los torneos nacionales o continentales, baja la demanda por determinados mazos y muchos jugadores empiezan a venderlos. “Cada carta es un mercado”, resume Burgos. Para anticipar esos movimientos, sostiene, es necesario conocer en profundidad el juego.

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El abastecimiento se realiza a través de distribuidores del exterior. Burgos compra productos provenientes especialmente de Estados Unidos y Canadá, aunque también opera con mercados como Italia, Alemania y España. Una parte importante del negocio está en los productos sellados: cajas y sobres que contienen cartas aleatorias. Una caja de 24 sobres puede ubicarse entre los $200.000 y los $300.000. “Eso fue lo que más me sorprendió. Se vende bastante”, cuenta. Comprar sobres sellados puede resultar en obtener cartas de altísimo valor, permitiendo al coleccionista recuperar la inversión inicial y hasta obtener una ganancia.

«Cada carta es un mercado» dice Burgos y se refiere a que cuando pasan los torneos baja la demanda por determinados mazos y muchos jugadores empiezan a venderlos.

Foto: Héctor Rio / La Capital

Los torneos rosarinos

La tienda busca, al mismo tiempo, consolidarse como punto de encuentro. Burgos organiza torneos durante la semana y dispone de jornadas para quienes simplemente quieren acercarse a jugar. El público competitivo se concentra principalmente entre los 17 y los 35 años, aunque participan personas de más de 40 y también chicos que recién comienzan. Los viernes funciona una instancia de aprendizaje con un instructor y llegan incluso padres con sus hijos para aprender juntos. Para empezar, un mazo completo ronda entre $100.000 y $150.000.

Para el emprendedor, la principal diferencia frente al juego digital está fuera de las cartas. “Vos venís y jugás el juego en físico, pero además estás socializando con la otra persona. Charlás, capaz que te haces amigos”, explica. Los viajes a torneos, las comunidades y las juntadas sostienen una actividad que, pese a convivir con versiones online, continúa dependiendo de la presencialidad. “Es como sentarse a jugar al truco”, compara.

A futuro, Burgos apunta a ampliar la cantidad de franquicias con actividad regular en el local y sumar nuevas competencias. Busca incorporar con mayor frecuencia propuestas de Pokémon, One Piece, Magic y Star Wars. El objetivo es que cada comunidad encuentre un lugar donde comprar, aprender y competir. En un negocio atravesado por productos que pueden cambiar de precio varias veces, la apuesta sigue apoyada en algo más simple: lograr que la gente vuelva a sentarse frente a frente alrededor de una mesa.

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