Roberto Fargioni y Silvina Garrido integran el colectivo Cardumen, que agrupa a personas cuyas identidades biológicas habrían sido suprimidas por las parteras Dolly Viale de Garrido y Silvia Viale. El grupo exige justicia y convoca a otras personas en situación similar a denunciar.
Roberto Fargioni y Silvina Garrido forman parte del colectivo Cardumen, un grupo de personas que buscan reconstruir su identidad biológica tras haber sido apropiados por las parteras Dolly Viale de Garrido y su hermana Silvia. El colectivo reclama justicia y rastrea más casos para sumar fuerzas.
En 1978, los padres de Roberto, que no podían tener hijos, recurrieron a una partera para que les entregara un bebé. Llegaron a la obstetra Dolly Viale de Garrido, en zona sur, quien les entregó un niño. Tiempo después Roberto supo que había sido apropiado.
Silvina Garrido se enteró por Dolly, su madre de crianza, que era adoptada, pero nunca obtuvo precisiones. Al igual que Roberto, hoy integra Cardumen.
«Somos un grupo de personas cuya identidad biológica fue suprimida al momento de nacer por las parteras Dolly Viale de Garrido y Silvia Viale», dice el grupo en su cuenta de Instagram, creada hace menos de dos semanas. Cada integrante realizó caminos individuales en búsqueda de su identidad. Recientemente se unieron para reclamar justicia y reconstruir sus historias.
Un camino que empezó hace diez años
Roberto nació en 1978 y siempre tuvo sospechas sobre su identidad. Nunca vio una foto de su madre embarazada y sus padres eran mayores que los de sus compañeros. Las preguntas se intensificaron tras un proceso de terapia. En 2014 se realizó un ADN con sus padres, que determinó que no había vínculo parental.
Al año siguiente acudió a Abuelas de Plaza de Mayo, pero el resultado fue negativo: no era hijo de desaparecidos. Años después dejó Rosario, se radicó en la costa, formó una familia. En 2023 retomó la búsqueda y se acercó a la Justicia con una denuncia por supresión de identidad.
En esos años comenzó a formarse Cardumen: había otras personas afectadas que buscaban su identidad y tenían una partida de nacimiento firmada por alguna de las hermanas Viale. «Lo que primero hubo fue un grupo de WhatsApp, éramos pocos. Empecé a buscar y a contactarme con otra gente que encontraba en internet para que se sumen. Fuimos creciendo, hoy somos como veinte personas», cuenta Roberto a La Capital.
En octubre de 2025 Roberto pasó de denunciante a querellante, patrocinado por Juan Singer. Quienes originalmente iban a ser testigos se convirtieron en denunciantes y sus acusaciones fueron recibidas por el Área de Delitos Complejos, a cargo de la fiscal Soledad García. Silvina Garrido también denunció a Dolly, su madre de crianza.
El 16 de septiembre de este año, en audiencia pública, la fiscal García formalizó la denuncia ante el juez Eduardo Rodrigues da Cruz. La investigación contra las dos parteras, de 88 y 84 años, quedó formalizada.
«Cuando esto se hizo visible empezaron a llegar mensajes de personas que se encuentran en la misma situación. Ahí tomamos conciencia de que había algo más que una búsqueda individual. Creemos que podemos estar ante una red de parteras implicadas», señalan desde el colectivo.
Criada por Dolly
Silvina Garrido fue apropiada por Dolly en 1968 y se crio con ella sin conocer su verdadera historia. A los 15 años, la partera le dijo que era adoptada, pero no dio precisiones y lo poco que dijo fue mentira. «Me dijo que no me había tenido en la panza, pero sí en su corazón. Me quedé helada, sentí que se abría la tierra y no sabía de qué lado estaba. Así es la falta de identidad», contó Silvina a este medio.
La casa de la partera se encontraba frente al Batallón 121 y allí creció Silvina. Durante los años de la dictadura vio desde la terraza a mujeres embarazadas, vestidas iguales, dentro del cuartel. Recuerda también las visitas de militares a Dolly. «A cambio de protección ella asistía a las mujeres que parían dentro del Batallón estando detenidas. Los militares siempre venían a buscarla a casa».
Silvina indagó sobre sus orígenes. «Fui a hacer averiguaciones, me cerraron las puertas. En el Roque Sáenz Peña me dijeron que el año que yo nací se quemaron todos los archivos. No había forma de saber nada. Seguí con mi vida y me resigné, me di cuenta que no iba a conocer mi verdad en ningún lado. Ella se había encargado de eso».
Su relación con Dolly fue distante y empeoró tras la revelación. «Nunca tuve una mamá», afirma. La partera luego tuvo dos hijos biológicos, con quienes Silvina no se vincula. «Desde que salió todo a la luz mi hermano más grande ya no me habló más», confiesa.
La historia de otros afectados llegó a Silvina. Quienes tenían la firma de Dolly en su partida de nacimiento y buscaban su identidad se contactaron con ella, incluido Roberto. «Él me contó que había hecho la denuncia. Me pidió si podía ser testigo y acepté. Pero al final fui denunciante. El año pasado hice la denuncia y en febrero de 2026 realizaron los allanamientos en el domicilio. Encontraron cosas que la comprometían».
«A partir de ahí empezamos a ser más fuertes, a vincularnos más con la fiscalía, a impulsar a que todos denuncien para que esto se pueda expandir. Hoy hay firmes ocho denuncias pero hay más de cuarenta hechas», cuenta.
Un llamado a las madres
Roberto y Silvina buscan que más personas denuncien y que quienes duden de su identidad se acerquen. Ambos creen que hubo madres que entregaron a sus hijos a Dolly de manera voluntaria, pero tienen la certeza de que a muchas les robaron a sus bebés.
«A aquellas madres que fueron tratadas por Dolly o su hermana, a quienes les dijeron que su bebé nació muerto y tienen dudas, por favor acérquense a la fiscalía. Denuncien», pide Silvina.
«Llamamos a las madres que tuvieron alguna situación rara en el parto, si les dijeron que su hijo murió y no le dieron ningún certificado de defunción. Nos están contando que hay casos donde tenían mellizos y les dijeron que uno murió. O fueron madres muy chicas y sufrieron presiones familiares o de las propias parteras. Estamos haciendo un llamado a las madres que estuvieron bajo estas situaciones. Que se animen a contar su historia y que nos encontremos entre nosotros», concluye Roberto.
