Ricardo Almada y su experiencia en el Centro Cuidar Ayacucho de Rosario

El vecino de la zona sur asiste dos veces por semana a las clases de Gimnasia y Canto Grupal del Centro de Actividades Integrales para Adultas y Adultos Mayores (Caiam) que funciona en el espacio municipal. Afirma que el lugar le permitió salir de un momento personal difícil tras el fallecimiento de su esposa.

Como todos los martes y jueves, Ricardo Almada asiste al Centro Cuidar Ayacucho (Ayacucho 6317) para participar de las clases de Gimnasia y Canto Grupal del Centro de Actividades Integrales para Adultas y Adultos Mayores (Caiam) que funciona en el espacio municipal. Almada, vecino de la zona sur, se acercó por primera vez al lugar tiempo después de enviudar. «Yo era como una radio apagada, que de repente empezó a sonar. Sólo faltaba que alguien tocara el botoncito y la prendiera. Eso me pasó acá», declaró.

El testimonio se conoce en octubre, mes en el que Rosario desarrolla la propuesta ¡Qué grande octubre!, que promueve la autonomía, independencia, participación e integración de las personas mayores. Almada integra un grupo compuesto en su mayoría por mujeres y espera los encuentros de los martes y jueves, a cargo de los profesores Franco y Ernesto.

Consultado sobre su historia personal, Almada relató: «Hace varios años murió mi esposa y eso me tiró muy abajo. Haber conocido este lugar, y el apoyo que aquí me dieron, me ayudó a salir del pozo. Por eso digo que estos grupos de adultos mayores son maravillosos».

Almada nació en Victoria en 1954 y desde los seis años vive en Rosario. «Acá hice toda mi vida. Soy un rosarino más. Acá sucedieron mis grandes cosas, de las buenas y de las malas», explicó.

«Yo vivo acá cerca, y la que venía al Centro Cuidar era mi esposa. Cuando ella falleció, me acerqué a pedir asesoramiento con unos trámites, y acá encontré un grupo que enseguida me ayudó», expresó.

Asimismo, afirmó: «Si yo supiera quién fue la persona que inventó estos grupos, la abrazaría, porque es algo que me cambió tanto la vida; me enseñó a hablar, porque yo era muy parco, de hablar bajito, y esto me sacó».

Sobre la participación en los Caiam, Almada sostuvo: «Yo recomiendo este espacio porque acá te dejan ser. Yo ni en mi casa puedo ser a veces. Porque ya soy viejo, ya soy grande, que ya no servís para esto o para lo otro, los hijos están grandes, casados, con sus problemas, y acá encontré un lugar para ser».

En el mismo sentido, contó que «a veces estamos esperando que llegue el martes, que llegue el jueves, para encontrarnos, para venir a cantar», y remarcó: «Estamos esperando esos días para venir a decir acá lo que no podemos decir en otros lugares».

Ricardo también se refirió a actividades realizadas fuera del Centro: «También hacemos otras cosas, la otra vuelta fuimos a los Juegos Suramericanos, y hace poco conocí el Museo Estévez». Y agregó: «Acá si estás mal, tenés quien te consuele, tenés con quien hablar. Y si venís bien, contás todo lo bueno que te pasa».

Chamamecero de ley

Almada tiene hijos, nietos y bisnietos. «Tengo mis proyectos, mis cosas para hacer, y en eso mucho tiene que ver esta casa», dijo en referencia al Centro Cuidar, que conoce desde sus inicios.

«Vengo dos veces por semana, martes y jueves. Y algunos días salimos a visitar otros grupos, otras instituciones, hemos ido a cantar al Hospital Roque Sáenz Peña, a geriátricos», detalló. Si bien participa de las clases de gimnasia, manifestó predilección por la música y el canto litoraleño.

«Cantamos mayormente folklore: chamamé, zamba, chacarera», enumeró, y prosiguió: «Alguna cumbia también, porque somos santafesinos y nos gusta la música. Menos ópera, cantamos de todo. Todo música popular. Hoy empezamos a ensayar un chamamé. Yo escucho chamamé y ya me empieza a temblar el cuerpo».

Y añadió: «Soy de Entre Ríos, chamamecero de ley, y me conozco a casi todos los músicos y cantores del género. Cuando tenía 17, 18 años, ya iba yo al Rancho de Ramón Merlo a bailar, así que, imaginate si seré chamamecero».

La pasión por la música de este cantor del sur de la ciudad —que por estos días está ensayando con el grupo la canción ‘Posadeña linda’, de Ramón Ayala— viene de hace tiempo: «Mi cantor favorito es Horacio Guarany. Yo fui el primero del barrio en tener un equipito de música. En ese entonces se usaba el cassette, y Horacio Guarany brillaba desde las nueve de la mañana, que yo me levantaba los fines de semana, hasta las… ¡hasta toda la noche!».

Amistad en el Centro Cuidar

La Municipalidad de Rosario cuenta con una Red de Cuidados integrada, entre otras instituciones y organizaciones, por más de cuarenta centros Cuidar distribuidos en los barrios de la ciudad, con actividades para niñas y niños, jóvenes, mujeres, emprendedores y personas mayores.

Además de las actividades físicas, recreativas, educativas y artísticas, en el Centro Cuidar se generan vínculos de amistad. «Acá me hice amigos: me hice amigo de los profes, de la coordinadora, y de mis compañeras. Pero amigos de verdad», mencionó Almada, y contó: «Del profe me hice tan amigo que ha participado del cumpleaños de una nieta mía».

«Una vez hicimos el ejercicio —narró el profe Ernesto— de que cada uno escribiera una letra y entre todos compusimos la música. Y como Ricardo había escrito una canción para su nieta, se la fuimos a cantar en su cumpleaños». «También cantamos en el cumple de 80 de Perla, una compañera de acá», recordó Almada.

En el grupo de adultas y adultos mayores del Centro Cuidar, compuesto por casi veinte personas, Almada es, por ahora, el único varón. «Creo que hay menos hombres porque el hombre es más reacio a participar de estas cosas. Yo conozco un montón de muchachos de mi edad, que les digo que vengan, y me dicen ‘no, qué voy a ir con esos locos’», lamentó. «Yo era uno de esos, yo pasaba por la puerta y no entraba. Hasta que un día me cazaron del cogote y me dijeron venga pa’acá», dijo entre risas, y resaltó: «Y me quedé porque me encanta cantar».

Elegir el lugar

Verónica Cortalezzi es la coordinadora del anclaje municipal en el sur de la ciudad desde hace varios años. «Todos los que estamos acá estamos eligiendo el lugar, que eso no es poco», manifestó.

«Esta alegría y estas ganas de venir que siente Ricardo, son mutuas, porque a nosotros también nos inyecta alegría y nos da pilas para seguir con lo no tan lindo. Este es un espacio hermoso, un lindo trabajo, en donde suceden cosas muy gratas y también cosas muy tristes. Pero todos estos encuentros, con el poder del encuentro que sucede aquí todos los días con cada una de las franjas etarias, realmente nos vitaliza. Acá sucede algo muy lindo que tiene que ver con la energía vital, con poder conectarnos desde otro lugar. No es un trabajo más. Esto trasciende lo estrictamente laboral. Nos sentimos un poco familia», aseguró Cortalezzi.

Para la coordinadora es importante el cruce intergeneracional que se produce entre los adultos mayores y los niños o jóvenes que asisten al lugar: «Las generaciones acá se cruzan constantemente y de manera natural, sin forzarlo. Todas las franjas etarias están alojadas de la mejor manera», destacó.

Enseñar, compartir, alojar

El espacio de adultas y adultos mayores del Centro Cuidar está a cargo de los profesores Ernesto (Canto grupal) y Franco (Gimnasia). Ellos comparten cada martes y jueves las actividades de sus disciplinas y, según describieron, la energía del grupo.

«Veinte minutos antes de la clase, bien temprano, ya están todos ahí, con una energía que contagia. Y también se genera un espacio de escucha, de acompañamiento, de amistad. Se ha armado un grupo súper unido», aseveró Franco.

Ernesto, por su parte, hizo hincapié en la importancia de la confianza generada al interior del grupo para poder realizar algo tan personal como cantar: «El canto requiere de sacarse la vergüenza, de animarse, y el grupo genera la confianza para eso».

El profesor resaltó el ida y vuelta constante que se da en los encuentros, que enriquece tanto a las y los usuarios como a los docentes: «No viene siendo un contexto fácil para los adultos mayores en general, y sentir que uno está aportando un granito de arena a su bienestar me llena mucho, además de que esta es una generación a la que le tengo mucha admiración. Es una generación que nos dio mucho como país, y siempre que ellos me van contando sus anécdotas, sus historias, yo aprendo y voy descubriendo muchísimo. Por eso estoy muy feliz de trabajar con adultos mayores».

¡Qué grande octubre! y Mil65

Como cada octubre, en Rosario se promueve la visibilidad de los derechos de las personas mayores con una agenda de actividades.

«¡Qué grande octubre!» se desarrolla en el marco del Plan Mil65, una política pública municipal que promueve el bienestar, la autonomía, la participación y el ejercicio pleno de derechos de las personas mayores. Durante el mes se despliegan actividades en distintos espacios de la ciudad para favorecer el encuentro, el acceso a la cultura, la recreación, el deporte, la participación comunitaria y el cuidado.

La agenda contempla obras de teatro, circuitos culturales, visitas y recorridos guiados, encuentros deportivos, clases de yoga y Tai Chi, actividades en espacios públicos, propuestas de participación ciudadana, talleres sobre vínculos y derechos sexo-afectivos, acciones de prevención y cuidado y un festival de cierre, entre otras iniciativas.

El Plan Mil65 es una política pública integral para acompañar en las etapas más sensibles de la vida: desde la gestación y hasta los 3 años, y a partir de los 65. En lo que concierne a las y los mayores de 65 años, el Plan prevé propuestas de actividades y servicios destinados a esta población en todo el territorio de la ciudad.

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