Barrio Martin: el lugar de los primeros edificios de lujo frente a la costa de Rosario

Es un barrio con toda la palabra barrio, dicen los vecinos del Martin. Aunque añoran la vida tranquila de dos décadas atrás, cuando comenzó a cambiar de perfil y ya se elevaban los edificios de categoría en la avenida Libertad, en un extenso borde de balcones al río, que, aclaran, no cesa de crecer. Igual que hacia el interior del área que forman la avenida Pellegrini, las calles Córdoba, Buenos Aires, y el Paraná. Hablan del verde, de la tranquilidad, del parque Urquiza que tienen que compartir con el resto de la ciudad, y que les resulta increíble que aún exista el “monumento al pozo”, en el predio de la exyerbatera. Pero insisten que es el lugar que volverían a elegir para vivir.

“Casa que se vende casa que se transforma en edificio”, explica Ana María Conde, al frente de su tradicional farmacia en Necochea 1200, tiempo que le permitió ser testigo de dos momentos de transformación del barrio medio siglo atrás, cuando sólo había casas y contados edificios; y más acá en el tiempo, como en la cuadra entre Necochea y Chacabuco, completa de edificios donde sólo queda una casa. El dato sostiene la referencia popular: uno de los barrios más altos de la ciudad;: en la alusión entra la exclusiva torre Aqualina, que en 2009 y con sus 125 metros, fue por un tiempo la más elevada de Rosario.

Para los vecinos, la nueva construcción debería respetar un criterio de integración y no perder la identidad barrial. “Desaparecieron chalecitos de la década de 1970, y los reemplazaron por torres, se congestionan los servicios, el río parece cercado”, analiza Florencia. Y dice que antes el barrio era más “variopinto con casas y departamentos de pasillo en antiguos conventillos”.

parque urquiza

El parque Urquiza, uno de los espacios verdes perdilectos de barrio Martin.

Sebastián Suárez Meccia / La Capital

Esa es la situación de Sabina, que desde hace cinco años llegó del centro a vivir frente al parque, un lugar que le encantó y que ahora debe dejar porque están haciendo edificios: “Algunas casas van quedando un poquito encerradas con la complejidad y la angustia que traen los cambios”.

“En los años 70 se fue modificando el estilo de vida de quienes lo habitan; el barrio no fue ni es ajeno a la realidad que nos atraviesa”, dice Florencia y desestima la categoría de cheto. Ana María, coincide: “Hay de todo, no todos los departamentos son de alta gama como en avenida Libertad o Chacabuco”. ¿Esto lo encarece? Para la venta la cercanía al río, cuenta, si no los precios son similares a otras zonas. “Hay mucha amplitud de precios, el costo de construcción subió, pero hay mucha oferta de usados económicos”, explicó desde la inmobiliaria, Marcos Paganini.

Parque y vecindad   

“Es un barrio donde la gente se conoce, ahora hay gente nueva, yo participé en este barrio de todo: nacimiento, casamiento, enfermedades, todo”, dice Ana María y diferencia la frialdad de los comercios del centro con conocer a los clientes por su nombre, como en su farmacia. La composición social es heterogénea; jubilados de toda la vida, profesionales, estudiantes y gente de otras zonas que llega cada día a trabajar. Para Emilce, del pasaje Santa Cruz, es un barrio tranquilo, con mucha naturaleza, que volvería a elegir para vivir.

“Los vecinos conversan mucho, se conocen, tuve muy buenos vecinos; los fines de semana el barrio recibe gente de toda la ciudad que viene al parque”, dice Sabina. “En mi cuadra la gente lleva años viviendo. Es un barrio donde la gente generalmente se asienta, no es muy de paso”, comenta Ariel, quien vive a media cuadra del parque: “Los problemas de seguridad fueron mínimos, se los endilgan al puente de la bajada Pellegrini”.

“El parque es como para atesorar, cuidar, es un espacio que hace la diferencia, donde se pueden mezclar las edades, los barrios; eso es lo más lindo que tiene el barrio”, explica Sabina. Se trata de un espacio caleidoscópico según los momentos del día y de la semana: gimnasia, Calle Recreativa, lugar de picnic, reposeras, espectáculos, cancha de bochas y dos bares, uno en el anfiteatro. Algunos vecinos lo reclaman como el lugar de encuentro que era años atrás cuando oficiaba de “patio trasero de la casa de varios donde se iba a jugar y se llevaba los animales a pasear”. Y anotan que le está faltando cuidado, iluminación, seguridad y poda.

Monumento al pozo   

El terreno baldío de la exyerbatera Martin (le dio el nombre al barrio), que desde hace años permanece vallado en la manzana de Ayacucho, Mendoza, Colón y avenida Libertad, es mención ineludible de los vecinos que advierten aperturas de empaliza y “movimientos extraños durante la noche”.

Las iniciativas de su propietario, Alfredo Coto, no alcanzaron a cuajar. “Hoy no hay ningún expediente con estado parlamentario sobre esos terrenos”, dijeron ediles desde la comisión de Planeamiento y Urbanismo.

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