Ricardo «El Grande» Bontempi: «No hay persona que no me salude en Arroyito»

Cuando dejó su actividad de viajante de calzado, buscó suerte en bulevar Avellaneda y Reconquista. Hoy está en la gastronomía. Referente del barrio

15 de marzo 2026 · 06:30hs

El referente barrial de Arroyito dice que cuando la gente se junta en la calle, no hay ningún problema.

“Sigo viendo crecer el barrio”, dice Ricardo “El Grande” Bontempi, que lleva casi medio siglo en Arroyito, donde es muy conocido. “No hay persona, vecino, comerciante o no, que no me salude, que no charle un ratito conmigo. No sé por qué a la gente se le ocurrió decirme El Grande”, dice y festeja: “En el barrio hay negocios muy antiguos pero también nuevas propuestas gastronómicas y eso atrae mucha gente nueva, antiguamente cuando uno quería tomar un helado iba a la avenida Pellegrini, hoy quien quiere comer una buena pizza o ir a un buen restaurante, llega a Arroyito”.

Cuando dejó su actividad de viajante de calzado, buscó suerte en bulevar Avellaneda y Reconquista, con una vinería con el fulgurante nombre de Viñas de Oro, proyecto que no pudo superar la falta de “estudio de mercado, como me habían recomendado”, explica. El mal trago pasó con la pizzería Ribereño, que abrió su hijo, veintisiete años atrás y que hoy forma parte del corredor gastronómico que abre nuevas puertas, a tono con el devenir del barrio en los últimos años, en los que formó “una familia muy linda”, algo que le agradece a Dios.

La transformación de Arroyito

Desde la esquina, Ricardo repasa la transformación de Arroyito, con los catorce nuevos edificios y las construcciones que siguen sobre Avellaneda, un bulevar que considera muy transitado y muy tranquilo a la vez. Siente orgullo por el lugar que eligió para vivir y que conoció de adolescente, cuando, desde calle Salta, viajaba en el tranvía III Bis, con números romanos en letras rojas, y que funcionaba sólo cuando jugaba Rosario Central.

“Eran unos viajes increíbles, con la hinchada alentando y colgando por los cuatro costados del tranvía que llegaba hasta Génova, y después volvía al centro.Nosotros de chicos le descolgábamos el trole al tranvía que se quedaba sin parte eléctrica y se detenía, una diversión que parece ingenua, hoy hacen bromas mucho más pesadas”, reflexiona.

Los ritos quincenales   

Pero ese barrio que puede conciliar la tranquilidad y la transformación tiene un ritual por todos asumido. “En cualquier lugar del barrio, lo que se vive acá, cuando juega Central, no se puede contar. A las 9 de la mañana ya arranca un bombo y la animación sigue hasta la una o dos de la mañana, y si ganamos, mucho mejor”, comenta. Y evoca lo que vivió en el partido entre Perú y Argentina, en el Mundial 1978, “algo muy difícil de transmitir, una cosa muy linda. No sé expresarlo muy bien”.

“Acá, enfrente está el kiosco Miniprevia, donde se junta un montón de gente y todo sin problemas”, destaca Ricardo y remarca que “no hay discusiones, no hay peleas, no hay robos”.

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