Un análisis de la Universidad de Buenos Aires, basado en datos oficiales del Indec, expone la profunda brecha de precariedad laboral según los niveles de ingreso. Mientras que el promedio nacional de informalidad se ubica en el 43%, esta cifra se duplica entre el 20% de los trabajadores con las remuneraciones más bajas, alcanzando un nivel crítico.
La informalidad según sus variables
El informe desglosa la incidencia del trabajo no registrado en diversas dimensiones. La actividad económica es un factor determinante: sectores como el servicio doméstico y la construcción presentan tasas superiores al 70%. Entre los asalariados, la informalidad es del 36,3%, pero trepa al 63,4% para los trabajadores por cuenta propia.
Perfiles más afectados
La edad y el nivel educativo también marcan diferencias significativas. La precariedad alcanza al 67,4% de los jóvenes y a un porcentaje similar entre quienes no completaron la educación media. Las mujeres presentan una tasa ligeramente superior a la de los hombres (44,4% frente a 42,5%). A nivel regional, existen disparidades, con provincias donde el indicador supera el 60%.
El vínculo con la pobreza
La alta informalidad en los estratos de bajos ingresos se conecta directamente con la pobreza. Un documento de la organización Futuros Mejores señala que, entre las personas en edad de trabajar que viven en la pobreza, solo el 7,9% está desempleada. La gran mayoría tiene un empleo, principalmente en sectores como la construcción, el comercio y la industria, pero en condiciones que no le permiten superar la línea de pobreza.
«La pobreza en Argentina hoy es, en gran medida, una consecuencia directa de la precarización laboral», afirmó Daniela Maciel, politóloga y coautora del estudio. Los datos respaldan esta afirmación: las personas en situación de pobreza trabajan en promedio más horas semanales que las no pobres, pero la diferencia radica en la calidad y formalidad de esos empleos.
Limitaciones en la medición y en las políticas
Los investigadores advierten sobre una limitación clave: Argentina mide la pobreza exclusivamente por ingresos, sin incorporar dimensiones como el acceso a la salud, la educación o la vivienda. «Esta metodología tiende a invisibilizar desigualdades estructurales que requieren abordajes diferenciados», sostienen.
Esta perspectiva reduccionista, según el análisis, ha influido en el diseño de políticas públicas que, en las últimas tres décadas, han sido reformuladas reiteradamente sin resolver el problema de fondo. Lisandro Rodríguez Cometta, sociólogo participante del estudio, señaló que mientras las políticas para la infancia ganan consensos, las dirigidas a la población en edad de trabajar están en permanente discusión.
El estudio propone ampliar el debate y observar experiencias internacionales que combinen políticas de ingreso, empleo, formación y reconocimiento de las tareas de cuidado, para abordar un fenómeno complejo que excede la mera falta de un empleo registrado.
