Un análisis sobre las diferencias de contexto y estrategia entre los gobiernos de Mauricio Macri y Javier Milei, y los desafíos de construir una fuerza política en la Argentina actual.
El expresidente Mauricio Macri volvió al centro del debate político en los últimos días, a raíz del desempeño del presidente Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso y por declaraciones sobre la política contemporánea.
Respecto al primer punto, se generó una discusión, principalmente en redes sociales, sobre la efectividad de los buenos modales en la política. Sectores libertarios señalaron que el estilo de Macri fue «tibio» y justifican la confrontación de Milei como necesaria. Sin embargo, analistas señalan que el contexto nacional e internacional durante el gobierno de Cambiemos era muy distinto al actual. La sociedad, al final del mandato de Cristina Kirchner, no presentaba el mismo nivel de desesperación que al concluir la gestión de Alberto Fernández, lo que explica la búsqueda de un cambio más profundo en la actualidad.
En segundo lugar, se argumenta que Macri cometió errores, pero su eventual fracaso no se debió a su estilo. Su propuesta apaciguada y «no politizada» respondía al deseo de una parte de la sociedad de un descanso tras el estilo épico y confrontativo del kirchnerismo. Hoy, frente al descalabro económico, la demanda social es por un liderazgo fuerte y tajante, que es el que encarna Milei, aunque sus excesos puedan generar costos.
En tercer lugar, más allá de la opinión pública, existe una lógica del manejo del poder. La capacidad de Milei para impulsar cambios no se explica solo por una supuesta «doma» del kirchnerismo, sino porque este espacio no sintoniza con la mayoría social desde hace años y, en un contexto crítico, las objeciones a medidas drásticas son más débiles. El cambio en el clima político tras las elecciones de medio término también es un factor clave.
El segundo tema planteado por Macri tiene que ver con la necesidad de construir políticamente. En una entrevista reciente, el exmandatario advirtió que formar un partido requiere mucho esfuerzo y que «es mejor concentrarse en diseñar un buen gobierno». También describió la paradoja actual: «Hoy la gente rechaza la política… Pero sin política no se puede construir una mejor sociedad».
Macri y el PRO, que parecían inaugurar una nueva era, terminaron siguiendo el cursus honorum tradicional de la política argentina. Sin embargo, gobernar resultó ser muy distinto a ganar elecciones. Su diagnóstico sobre la dificultad de reunir a gente sensata para hacer política en las «grandes ligas» parece acertado. Esta realidad explicaría, en parte, la aparición de figuras improvisadas en organizaciones políticas nuevas, ante la necesidad perentoria de estructura. Karina Milei y su entorno habrían llegado a la conclusión de que, sin un partido con cierta estructura, será muy difícil consolidar un proyecto a largo plazo.
