El presidente enfrenta un aumento de la inflación y el escándalo Adorni, pero mantiene el rumbo sin cambios de timón.
Javier Milei atraviesa un punto crítico de su gobierno. La inflación de marzo, que alcanzó el 3,4%, fue calificada por el propio presidente como “repugnante” durante el encuentro de AmCham, la Cámara de Comercio de Estados Unidos. En esa platea amigable, se lo vio nervioso. La disparada de los precios pone en cuestión su marco teórico: si la emisión está apagada, ¿por qué se acelera la inflación? Milei deja de lado el manual monetarista y apela a explicaciones como complots políticos, la guerra en Medio Oriente y el precio de la carne.
Los datos del Indec representan un problema político para el oficialismo. La baja de la inflación fue su bandera en las elecciones de 2023 y 2025, y le permitió conservar capital político. Ahora, el peor número en doce meses aparece en un momento en que se resquebrajan las expectativas de futuro y la mayoría de la población responsabiliza a la gestión actual por los problemas económicos.
Milei ensaya un discurso a dos bandas: a quienes no aguantan más sacrificios les pide paciencia y promete tiempos mejores; a los mercados les asegura que el superávit fiscal es innegociable. Sin embargo, el modelo que le permitió estabilizar la economía empieza a mostrar límites y el gobierno no encuentra cómo corregirlo sin romper su propia lógica.
En paralelo, el caso Adorni dejó de ser un problema individual para convertirse en un test de autoridad. El jefe de Gabinete enfrenta una causa por enriquecimiento ilícito tras confirmarse que pasó el Año Nuevo de 2025 en Aruba, además de su escapada a Punta del Este. Los Milei se alternan para cuidarlo: Javier lo sentó en primera fila en AmCham y Karina lo sumó a recorridas oficiales. Adorni se calza el overol, pero al gobierno le cuesta retomar la iniciativa política.
Mientras tanto, los aliados legislativos están menos cooperativos, ya que las encuestas muestran una caída en la imagen presidencial. El gobierno tiene proyectos en carpeta, pero la interna oficialista y la falta de acuerdos complican su avance.
