El Canalla enfrenta a Universidad Central por la Copa Libertadores tras asegurar su clasificación en el Apertura, con la moral alta pese al desgaste físico.
La clasificación en el torneo Apertura le llenó el tanque de optimismo a Central de cara al choque contra Universidad Central por la Copa Libertadores. El equipo tiene cuestiones futbolísticas por pulir, pero viene de cargar el tanque con el mejor combustible para situaciones en las que el ajetreo de la doble competencia impone condiciones: la motivación y el impulso anímico.
De cara al partido frente a Universidad Central de Venezuela, la fortaleza mental es el mejor aliado. Cada capítulo que se intente escribir siempre tendrá la hoja en blanco, con el pensamiento pleno de que el pasado no cuenta demasiado. Pero este Central tiene un porqué para no apartarse del contexto que lo envuelve.
El partido contra Estudiantes de Río Cuarto era una verdadera prueba de fuego porque la intención era lograr la clasificación a los octavos de final del torneo Apertura ya en esta fecha, para allanar el camino hacia la Copa Libertadores. El cansancio existe y está a la vista de todos, pero también es evidente el empuje desde lo anímico.
Ángel Di María tuvo que ingresar en el primer tiempo por la lesión de Gaspar Duarte. La forma en la que el Canalla afrontará ese partido ante Universidad Central es la mejor, diametralmente opuesta a lo que hubiese ocurrido con un tropezón de por medio en Río Cuarto. Todos en Central saben que la historia del torneo Apertura ya tiene al menos un capítulo cerrado: el de la clasificación. Ese pase a los octavos de final es el trampolín ideal para picar lo más alto posible en la lucha continental.
Hoy en Arroyito todo es una especie de Tetris en el que está la obligación de ir acomodando las piezas para que la cosa funcione. Cuando después del partido contra Sarmiento, Almirón habló de que había visto al equipo algo “cansado”, se pensó en la idea de que a Río Cuarto el Canalla iría con un mix o directamente con un alternativo, como había sucedido frente a Huracán. Pero finalmente no sucedió.
No parece una mera coincidencia que el entrenador haya decidido poner a la mayoría de los titulares en la tarde-noche del viernes con el hecho de que el viaje a Río Cuarto fuera en vuelo chárter. Fueron dos horas de vuelo contra no menos de 12 en micro. Esa logística y esfuerzo por parte del club seguramente fue lo que llevó al técnico canalla a tomar la decisión de apostar en grande.
Futbolísticamente le costó demasiado, pero el pasaporte recibió su sello correspondiente. Librarse ya de las tensiones en el torneo local le permite al equipo mirar con mucha más calma el partido contra Universidad Central, teniendo muy en claro que, si la cabeza está bien, el físico puede acompañar de una mejor manera.
Central tendrá una necesidad de mínima, que es no perder. Pero todos son conscientes de que ganar en Venezuela implicaría darle continuidad a este andar sólido y potenciar la sensación de que el pase a octavos de final de la Copa Libertadores quedará mucho más cerca. De ganar, le sacará al menos cuatro unidades al equipo venezolano, al que todavía tiene que recibir en el Gigante de Arroyito.
En Central el movimiento no para. Saca los pies de un terreno para ponerlos en otro, pero lo mejor que tiene es que la tracción es siempre hacia adelante. La vista nuevamente al frente para pisar el acelerador ahora en Copa Libertadores, con el motor en su pico de exigencia, pero con el tanque lleno de optimismo.
