El presidente de YPF, Horacio Marín, recorrió las obras de Santa Fe Bio en la vieja refinería de San Lorenzo y confirmó que la iniciativa será propuesta para acceder al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones. El proyecto demandará más de 250 millones de dólares y prevé exportaciones por hasta 600 millones anuales.
Santa Fe Bio, la empresa conformada por Essential Energy e YPF para construir una planta de producción de biocombustibles para aviones (SAF), comenzará entre junio y julio con las primeras exportaciones de materia prima desde las instalaciones de la antigua refinería San Lorenzo. Esta primera etapa forma parte de un proceso de inversión que se extenderá por cuatro años y demandará más de 250 millones de dólares.
Este viernes, el presidente de la petrolera estatal, Horacio Marín, recorrió las obras. “No me gustan las plantas paradas, por eso nos entusiasma este proyecto que, cuando funcione en todo su potencial, podrá exportar hasta u$s 600 millones por año”, declaró a La Capital. Marín también señaló que la iniciativa será propuesta para ingresar en el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (Rigi).
En noviembre pasado, Santa Fe Bio tomó posesión de una porción del terreno de la refinería de YPF en San Lorenzo, donde comenzó a construir una planta para producir biocombustible para aviación (SAF). El emprendimiento conjunto de Essential Energy, que dirige Federico Pucciariello, e YPF, demandará un desembolso superior a u$s 250 millones en los próximos 37 meses, hasta que esté lista para producir 220 mil toneladas anuales de SAF, HVO (gasoil bio) y coproductos.
Los trabajos de nivelación del terreno, limpieza y desvinculación de los caños de YPF, entre otras tareas, ya ocupan a 150 trabajadores y tienen operando en el terreno a 110 proveedores, de los cuales el 90 por ciento son de la región.
Juan Facciano, miembro del directorio de Essential Energy para Santa Fe Bio, y Pablo Balbi, integrante del área técnica de la empresa, explicaron que en breve podrán descargar y despachar a plantas del exterior, desde los muelles de la refinería, aceites vegetales y grasa animal con destino a la producción de biocombustible. Mientras tanto, trabajan en el desarrollo de la primera etapa del proyecto de inversión: el montaje de una planta de tratamiento de esas materias primas, que demandará unos u$s 70 millones. Ese proceso requiere la importación desde Italia de un equipo de alta tecnología, que estará en funcionamiento en el último trimestre de 2027.
La segunda etapa involucra el montaje de la planta de producción de SAF, asociada a una planta de tratamiento de hidrógeno. La salida de esa producción y de los coproductos será dentro de cuatro años. Para ese entonces, habrá 250 personas trabajando en la biorrefinería.
El proyecto es pionero en América Latina y abre una nueva línea de trabajo para poner en valor internacional la producción de la región. También representa una refundación para el cordón industrial, que justamente tuvo en la vieja refinería fundada a fines de los años 30 una de sus piedras fundacionales. La sociedad entre Essential Energy y la petrolera estatal cambió una historia de disputa entre hidrocarburos y biocombustibles. De hecho, este último sector, que se desarrolló a la luz de la ley de promoción impulsada por Néstor Kirchner, sufrió durante las últimas administraciones una serie de decisiones políticas que limitaron su expansión.
El combustible de aviación sostenible (SAF) producido a partir de biomasa tiene una química similar a la del combustible de aviación tradicional, derivado de combustibles fósiles, pero reduce al mínimo las emisiones de carbono. Su mercado no está atado al corte obligatorio sino a las metas globales de descarbonización de la aeronáutica. En 2027 entrarán en vigor las primeras regulaciones en Europa.
Marín subrayó que “nos contactaron y rápidamente nos pusimos de acuerdo, queríamos reactivar la refinería porque no me gustan las plantas paradas pero por escala había que hacer otra cosa, y lo mejor es la biorrefinería”.
La Refinería San Lorenzo es emblemática. Fundada en 1938, fue un hito clave para el desarrollo del cordón industrial, que creció con la tracción dominante de la petroquímica hasta que comenzó a ascender la industria aceitera. Ahora, de la mano de los biocombustibles de primera y segunda generación, asoma una nueva etapa. La petrolera estatal fue propietaria de la refinería hasta 1993, cuando fue vendida a Pérez Companc en el marco de la privatización. Luego fue propiedad de la española Repsol y más tarde de la brasileña Petrobras. En 2002 pasó a manos de Oil Combustibles y, a fines de 2018, fue adquirida nuevamente por YPF en sociedad con Dapsa por 85 millones de dólares. La empresa petrolera estatal tiene la titularidad exclusiva de las instalaciones y el puerto.
