El 16 de junio de 1955, aviones de la Armada y la Fuerza Aérea bombardearon durante cinco horas la Plaza de Mayo, dejando al menos 309 muertos. El Regimiento de Granaderos a Caballo resistió el ataque terrestre de la Infantería de Marina y comandos civiles que intentaron tomar la Casa Rosada.
El 16 de junio de 1955, aviones de la Armada y la Fuerza Aérea bombardearon durante cinco horas la Plaza de Mayo y zonas aledañas, en el marco de un intento de golpe de Estado contra el gobierno de Juan Domingo Perón. El ataque dejó un saldo de al menos 309 muertos y cientos de heridos, según registros oficiales.
Ese día, el Regimiento de Granaderos a Caballo, perteneciente al Ejército, custodiaba la Casa Rosada. La fuerza, que tenía el doble de efectivos de lo habitual debido a medidas de precaución tomadas durante la madrugada, resistió el avance terrestre de la Guardia de Infantería de la Marina y de comandos civiles armados que rodearon el edificio gubernamental.
Según la investigación histórica publicada en 2010 por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, durante la primera presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, los granaderos defendieron el edificio en condiciones de ruina, sin luz y con inundaciones provocadas por la rotura de tanques de agua. De los 330 efectivos presentes, 265 eran granaderos conscriptos, es decir, soldados que cumplían el servicio militar obligatorio.
Nueve granaderos fallecieron en el ataque: José Alodio Baigorria, Laudino Córdoba, Mario Benito Díaz, Orlando Heber Mocca, Pedro Leónidas Paz, Ramón Cárdenas, Oscar Adolfo Drasich, Rafael Sotelo Inchausti y Víctor Enrique Navarro. Todos tenían 21 años. Además, se registraron 25 heridos.
El bombardeo se extendió desde el mediodía hasta cerca de las 18 horas. Los atacantes se fugaron a Uruguay. Tres meses después, un nuevo bombardeo sobre Mar del Plata y Ensenada, sumado a la amenaza de repetir el ataque en Buenos Aires, llevó a Perón a renunciar y exiliarse durante 18 años.
El Regimiento de Granaderos a Caballo fue creado por José de San Martín en 1812 y tuvo un rol clave en la guerra de Independencia. En 1907, durante el gobierno de José Figueroa Alcorta, fue restituido como escolta presidencial y guardia de los restos de San Martín. Al día siguiente del bombardeo, Perón homenajeó a los granaderos afirmando: «Acabo de comprobar que han asimilado la lección magistral de lealtad del Sargento Cabral».
