Con reservas de agua favorables y un escenario climático asociado a condiciones «Niño», la próxima campaña de soja presenta perspectivas positivas. Especialistas señalan que para transformar ese escenario en producción es necesario combinar ambiente, genética, manejo y tecnología.
Con buenas reservas de agua en los perfiles, la recuperación de ambientes con influencia de napa y un escenario climático asociado a condiciones «Niño», la próxima campaña de soja parte con perspectivas favorables. Sin embargo, disponer de agua no garantiza por sí solo altos rendimientos. Para transformar ese escenario en producción será necesario combinar de manera precisa ambiente, genética, manejo y tecnología.
En los últimos años, la superficie sembrada con soja no mostró grandes variaciones y la producción se mantuvo relativamente estable, en torno de los 47 millones de toneladas. En ese contexto, el desafío para seguir creciendo está dentro de los lotes: identificar las oportunidades que ofrece cada ambiente, reducir la variabilidad y capturar una mayor proporción del potencial productivo.
Los análisis de brechas de rendimiento permiten dimensionar ese desafío. A nivel nacional, la diferencia entre los rendimientos que actualmente obtienen los productores y aquellos que podrían alcanzarse bajo mejores combinaciones de ambiente y manejo se ubica en torno del 34%. Es decir, existe todavía un margen considerable para producir más sobre la misma superficie.
El ambiente, el primer condicionante
El sitio explica aproximadamente el 46% de la variabilidad del rendimiento. La campaña representa cerca del 26%, mientras que la genética y las prácticas agronómicas explican otro 26%. Estos porcentajes muestran que no existe una receta única para maximizar la producción: las decisiones deben responder a las características de cada lote.
Dentro del efecto «sitio» aparecen variables como el agua útil, la presencia y profundidad de la napa, la compactación, el cultivo antecesor y la fertilidad física y química del suelo. Son condiciones que determinan el potencial productivo antes incluso de que se defina una variedad o una fecha de siembra.
La campaña, por su parte, está marcada fundamentalmente por las precipitaciones, la temperatura y la radiación. Son factores que el productor no puede controlar, pero sí puede anticipar parcialmente y utilizar para definir estrategias de manejo que permitan aprovechar mejor los recursos disponibles.
Uno de los elementos que puede tener un impacto significativo es la napa. Cuando se encuentra a una profundidad adecuada, funciona como una fuente complementaria de agua y contribuye a estabilizar los rendimientos. Su aporte permite amortiguar períodos de menores precipitaciones y disminuir la dependencia exclusiva de las lluvias durante las etapas críticas del cultivo.
La compactación también constituye una limitante relevante. En suelos con niveles superiores a 1,9 kPa, puede provocar pérdidas de rendimiento de alrededor de 200 kilos por hectárea en campañas con buena disponibilidad hídrica y llegar hasta 500 kilos por hectárea cuando existen restricciones de agua. Diagnosticar esta problemática y corregirla cuando sea agronómica y económicamente conveniente forma parte, por lo tanto, de la estrategia para cerrar brechas.
Nutrición y manejo, dos herramientas para ganar kilos
La nutrición representa otra oportunidad concreta. En particular, la respuesta a la fertilización aumenta cuando los niveles de fósforo disponible son bajos, especialmente por debajo de 20 ppm. En esos ambientes pueden encontrarse mejoras de rendimiento del orden del 5 al 10%.
La clave está en medir y diagnosticar antes de decidir. El análisis de suelo permite conocer la condición nutricional de cada ambiente y ajustar la estrategia de fertilización de acuerdo con su potencial productivo, evitando tanto las deficiencias que limitan el cultivo como las aplicaciones que no generan una respuesta económica.
El mismo criterio puede aplicarse al manejo de la implantación. La fecha y densidad de siembra, el distanciamiento entre hileras, la fertilización, la protección del cultivo y, especialmente, la elección de la variedad y del grupo de madurez interactúan entre sí y definen cuánto del potencial disponible finalmente se transforma en rendimiento.
Por eso, avanzar desde un manejo uniforme hacia estrategias sitio-específicas constituye una de las principales oportunidades. El primer paso es detectar la variabilidad dentro del lote; luego, delimitar zonas de manejo y comprender qué factores explican sus diferencias. A partir de ese diagnóstico se pueden ajustar variables como densidad, genética y nutrición.
Cuando la variabilidad de rendimiento dentro de un mismo lote supera los 600 kilos por hectárea, el manejo variable comienza a mostrar oportunidades concretas. En estas situaciones, los ajustes de densidad pueden generar respuestas de hasta 65 kilos por hectárea, mientras que la combinación adecuada de genética puede aportar hasta 116 kilos por hectárea.
A este conjunto de decisiones se suma el control de malezas, una problemática transversal que puede reducir la productividad y comprometer la eficiencia del sistema. La competencia por agua, luz y nutrientes convierte a las malezas en uno de los principales factores reductores y refuerza la necesidad de integrar la protección del cultivo dentro de una estrategia de manejo completa.
La genética, una decisión cada vez más estratégica
En este esquema, la elección de la genética adquiere un papel central. No se trata simplemente de seleccionar una variedad de alto rendimiento, sino de encontrar aquella que pueda expresar mejor su potencial en las condiciones específicas de cada ambiente, considerando grupo de madurez, fecha de siembra, disponibilidad de agua, características del suelo y tecnología disponible.
La genética debe acompañar al ambiente y al manejo. Una variedad que funciona muy bien en un determinado lote o región no necesariamente será la mejor alternativa para otro escenario. Por eso, contar con un portfolio amplio permite aumentar las posibilidades de realizar una elección ajustada a cada situación productiva.
En este sentido, NEOGEN llega a una nueva campaña con un portfolio diseñado para cubrir los principales ambientes productivos, grupos de madurez y tecnologías disponibles. En apenas cinco campañas, la marca logró consolidar una presencia creciente entre los productores a partir de resultados consistentes y materiales de alto desempeño.
NEO 35S23 SE se destaca por su excelente potencial de rendimiento y sus muy buenos atributos agronómicos. Su posicionamiento está orientado principalmente a la región centro-sur de Buenos Aires y a ambientes de muy alta productividad de la región núcleo, donde permite anticipar la fecha de cosecha sin resignar potencial productivo.
Dentro del GM IV medio, NEO 46S25 SE y NEO 47S25 SE se consolidan como variedades líderes, respaldadas tanto por los resultados obtenidos a nivel de productores como por su desempeño en ensayos de terceros. Ambas se destacan por combinar altísimo potencial de rendimiento, estabilidad y una excelente adaptación a la región núcleo sojera, incorporando además las tecnologías Enlist y STS, que aportan mayor flexibilidad al manejo del cultivo.
Por su parte, NEO 50S22 SE constituye una alternativa de alto valor por su combinación de potencial y estabilidad, especialmente adaptada a los ambientes de la región centro del país y a sectores de productividad media a baja dentro de la región núcleo.
Para la región centro-norte del país, NEO 64S25 SCE y NEO 70S25 CE representan excelentes alternativas dentro de la tecnología Conkesta, destacándose por su potencial de rendimiento, estabilidad y adaptación a los diferentes ambientes productivos.
Todo el portafolio NEOGEN se comercializa bajo el sistema Sembrá evolución, que es el modelo de negocios de semillas autógamas en Argentina, garantizando el reconocimiento de la propiedad intelectual mediante acuerdos entre privados. Este sistema es el combustible para continuar invirtiendo en investigación y desarrollo, con el objetivo de ofrecer mayor productividad a través del mejoramiento genético y mayor disponibilidad de tecnologías.
