A través del concurso privado de precios 198/2026, el municipio capitalino busca adquirir subibajas, calesitas y hamacas dobles fabricados con al menos 60% de plástico reciclado. Los juegos se instalarán en espacios recuperados de basurales a cielo abierto.
La Municipalidad de Santa Fe llamó a la presentación de ofertas técnicas para la compra de juegos infantiles destinados a microplazas, mediante el concurso privado de precios 198/2026. La apertura de las propuestas económicas estaba prevista para el martes 22 de septiembre a las 9 en el primer piso del Palacio Municipal.
Según las especificaciones técnicas, se pretenden adquirir dos bancos de enterrar, dos subibajas de enterrar, una calesita para cuatro personas y una hamaca doble. Todos los elementos deben estar fabricados con al menos un 60% de plástico reciclado. El área que recepcionará la compra es la Secretaría de Gestión Urbana y Ambiente municipal. El plazo de entrega de los juegos se realizará a los 10 días de emitida la orden de compra.
Las microplazas ocupan el lugar donde antes había un basural a cielo abierto y los juegos deben estar hechos con material de plástico reciclado. La iniciativa se enmarca dentro del programa municipal «Basura Barrio por Barrio». Ya hay al menos cinco microplazas con estas características en Santa Fe capital, creadas desde que comenzó la gestión del intendente Juan Pablo Poletti. La primera fue la inaugurada en barrio El Pozo; hay otra en Ciudadela, en Centenario, en barrio Las Flores y en Villa del Parque.
Fuentes municipales dijeron que cada intervención tiene como finalidad «transformar espacios donde antes había un punto de arrojo y acumulación de residuos en lugares de uso para la comunidad, promoviendo entornos limpios y seguros para vecinos y vecinas. Así, se recupera un espacio para el deporte, el juego y la convivencia barrial».
Las tareas previas a la instalación de los juegos incluyen la eliminación de residuos, escombros y malezas; poda, desmalezado y colocación de iluminación; nivelado del terreno e incorporación de mobiliario urbano construido con material reciclado. Luego se instalan los juegos.
Las especificaciones señalan que la propuesta apunta a la intervención de microbasurales tipo A (de baja escala, particularmente los que se forman en esquinas) y tipo B (de gran escala; sitios de acumulación permanente o reincidente de basura, que suele tirarse en terrenos baldíos de la ciudad capital). Se pretende que estos lugares de acumulación de residuos se transformen en microplazas, «espacios públicos recuperados que no sólo buscan erradicar focos de contaminación, sino que también promueven el uso recreativo, deportivo y educativo del espacio», se agrega en las especificaciones.
Algunas microplazas estarán equipadas con juegos infantiles, mientras que otras incluirán estaciones de ejercicio, adaptándose a las necesidades del entorno y de los vecinos. Estas intervenciones se complementarán con la colocación de plantas ornamentales.
Fuentes municipales informaron a El Litoral que «esta compra a través de un concurso privado no será para una única microplaza, sino para varias, en función de las limpiezas de basurales que se realizarán. La intención es generar nuevos espacios públicos de convivencia ciudadana y recreación, para que no se vuelvan a generar focos de residuos».
Los lugares específicos donde se ubicarán las microplazas aún no están definidos. Se indicó que se verá qué microbasurales se intervendrán en los próximos meses y allí estarán las nuevas placitas.
Respecto de los juegos infantiles, las especificaciones establecen que «el material utilizado deberá presentar adecuada resistencia mecánica para su uso en espacios públicos, soportando cargas, impactos y condiciones de uso intensivo, así como también una alta durabilidad frente a la intemperie». Asimismo, deberán garantizar un bajo mantenimiento, «sin requerir tratamientos periódicos como pintura o barnizado, y ser resistente a procesos de corrosión, oxidación o degradación biológica».
Las superficies deberán ser seguras para los usuarios, libres de astillas, grietas, bordes filosos o desprendimientos, y con propiedades antivandálicas que aseguren su integridad frente a golpes, rayaduras y uso continuo. Los elementos deben estar fijados al suelo «de la manera que se considere más óptima, para evitar sustracciones (robos) u otros tipos de inconvenientes (vandalismos) que afecten a la intervención realizada», concluye el documento.
