Bienestar Fest: taller de yoga de la risa en Palermo

María Laura Bardelli, instructora de yoga de la risa, participará en la segunda edición del festival que se realizará el 24 y 25 de octubre en el Hipódromo de Palermo.

María Laura Bardelli es instructora de yoga de la risa, terapeuta en inteligencia emocional y neurociencia, e instructora en mindfulness. Participará de la segunda edición del Bienestar Fest, organizado por LA NACION y OSDE, que se realizará el 24 y 25 de octubre en el Hipódromo de Palermo.

El yoga de la risa fue creado en la India por el médico Madan Kataria y propone activar la risa de manera voluntaria. Según Bardelli, su fundamento está en la relación entre los gestos del rostro y la respuesta del cerebro. Señala la importancia de los músculos cigomáticos, que participan en la sonrisa, y del orbicular de los ojos, que interviene cuando la risa se expresa de manera más intensa. Esos movimientos pueden desencadenar respuestas fisiológicas asociadas con el bienestar, incluso cuando la risa no surge naturalmente.

Bardelli sostiene que el cerebro interpreta esos gestos como señales vinculadas con un estado positivo y que, a partir de esa respuesta, intervienen sustancias como las endorfinas, la dopamina, la serotonina y la oxitocina, relacionadas con distintos procesos del organismo, entre ellos la regulación del ánimo y la respuesta al estrés.

La instructora también destaca el papel de la respiración y la postura. Explica que una expresión facial seria, una respiración superficial o una postura corporal rígida pueden acompañar estados de tensión y alerta. Por eso, los ejercicios buscan modificar esos patrones a través del movimiento y la risa, con el objetivo de favorecer un cambio en el estado físico y emocional.

Entre los efectos que asocia con la práctica, Bardelli menciona la disminución del estrés, el alivio del dolor y el fortalecimiento del sistema inmune. Según explica, las endorfinas que libera el organismo actúan como analgésicos naturales, mientras que la reducción del estrés sostenido puede contribuir al funcionamiento de las defensas. Señala que la risa también se utiliza en hospitales y clínicas como complemento en el acompañamiento de pacientes oncológicos, para ayudar a aliviar dolores y malestares asociados con los tratamientos.

La instructora también destaca los efectos sobre la respiración: reírse implica movilizar el aire de una manera diferente, lo que puede favorecer la ventilación pulmonar y generar una sensación de relajación. Más allá de las respuestas fisiológicas, sostiene que uno de los cambios más significativos es la posibilidad de tomar distancia de aquello que preocupa y modificar la manera en que se percibe lo que pasa.

La experiencia personal fue lo que llevó a Bardelli a profundizar en estos mecanismos. En 2018, mientras atravesaba una enfermedad, conoció un espacio que trabajaba desde la relación entre el cuerpo y la mente. Durante una actividad, participó de un ejercicio de risa y se detuvo a observar cómo se sentía antes y después. “Yo estaba preocupada, tensa. Hicimos el ejercicio y me sentí súper bien, y dije: acá hay algo más”, recuerda. Esa experiencia despertó su curiosidad y la llevó a formarse en neurociencia e inteligencia emocional para comprender mejor los procesos que podían explicar ese cambio.

Desde 2019 coordina encuentros en los que combina esa mirada con los ejercicios de yoga de la risa. Durante la pandemia comenzó a organizar sesiones gratuitas de 20 minutos por Zoom que mantiene hasta hoy, con una comunidad de alrededor de 600 personas en un grupo de WhatsApp. En los mensajes que recibe después de los encuentros, cuenta, hay una sensación que se repite: la de haberse sacado un peso de encima. “Me dicen: ‘Me saqué una mochila de encima, no sabés lo liviano que estoy’. Al cambiar la química, también cambiás la percepción de lo que está pasando”, señala.

Las sesiones de Bardelli comienzan con una breve explicación sobre los fundamentos de la práctica y un precalentamiento que puede incluir estiramientos o baile. Después llegan los ejercicios de risa, que al principio pueden generar vergüenza o sentirse forzados, pero que muchas veces terminan en carcajadas espontáneas.

En ese proceso, el encuentro con los demás cumple un papel central. Ver a otra persona reírse puede ser suficiente para contagiarse, un fenómeno que Bardelli relaciona con las neuronas espejo, involucradas en la observación e imitación de acciones ajenas. Para ella, la experiencia compartida es una parte fundamental de la práctica, porque ayuda a que quienes llegan con cierta resistencia se suelten y participen. “Algunos vienen con condicionamientos, otros vienen con diez millones de problemas. Pero cuando empezás a reírte, la risa que forzamos termina convirtiéndose en una risa genuina, porque mirás al otro que se está riendo y te tienta la risa del otro”, cuenta.

Bardelli también describe esa dimensión colectiva a partir de la sincronización que puede producirse cuando un grupo comparte una misma actividad. En sus palabras, la risa compartida permite que las personas salgan por un momento de sus preocupaciones individuales y se conecten con lo que sucede alrededor.

Para Bardelli, el objetivo no es reírse de todo ni restarle importancia a lo que pasa, sino encontrar una manera diferente de atravesar las dificultades. En sus encuentros propone observar cómo llega cada persona y registrar qué cambia después de los ejercicios. Esa atención, sostiene, puede ayudar a reconocer los estados de tensión y a responder de otra manera ante situaciones que habitualmente generan estrés.

“Un niño se ríe entre 300 y 400 veces al día, y un adulto hoy, por ahí le preguntás si se rio y te dice que no en todo el día”, reflexiona Bardelli. En esa diferencia encuentra una de las razones por las que considera importante recuperar el juego y la espontaneidad.

Su propuesta en el Bienestar Fest será una invitación a experimentar esa posibilidad en primera persona. Durante media hora, el público podrá conocer los fundamentos de la práctica y participar de ejercicios que no requieren experiencia previa ni llegar con ganas de reírse. La idea es prestar atención a las sensaciones del cuerpo y observar cómo cambia el estado de ánimo a lo largo de la actividad. “Lo primero que digo es que sientan lo que pasa en el cuerpo, que se observen y que sientan. Cuando te das cuenta de cómo viniste y cómo saliste, ahí está todo”, concluye.

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