Especialistas advierten sobre el impacto de las pantallas en el desarrollo del lenguaje infantil

Tres fonoaudiólogas que visitaron Santa Fe para capacitar en trastornos del lenguaje señalaron que la reducción de intercambios conversacionales entre adultos y niños afecta el aprendizaje y las relaciones sociales.

Un bebé levanta la vista y busca los ojos de su madre o de su padre. Del otro lado encuentra a un adulto pendiente del teléfono. En ese pequeño desencuentro queda suspendida una conversación que todavía no necesita palabras: una mirada, una sonrisa, una respuesta.

Tres especialistas en desarrollo del lenguaje infantil que visitaron Santa Fe advirtieron sobre la pérdida de intercambios cotidianos entre niños y adultos y reflexionaron sobre las consecuencias en el aprendizaje, las relaciones sociales y la construcción del pensamiento. Una conversación que fue más allá de los trastornos clínicos.

El ejemplo de la doctora en fonoaudiología Verónica Maggio pretende ilustrar cómo parte de los problemas en el lenguaje que se observan hoy en el consultorio trasciende lo individual a un fenómeno social: “No es solamente que el chico está expuesto a las pantallas, sino que cuando busca la mirada del adulto, el adulto también está con su pantalla”. La preocupación de la especialista es lo que queda desplazado: el juego, las conversaciones, los encuentros.

Maggio llegó a Santa Fe junto a Claudia Benavídez y Mariana Farías Almeida para dictar en la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) una capacitación sobre trastornos del desarrollo del lenguaje (TDL) y la metodología Leer para Hablar. Además de explicar esa condición clínica y su tratamiento, hablaron con El Litoral de los cambios que observan en las infancias y las aulas.

“Tenemos una epidemia atraso en el habla”

Maggio fue contundente al describir el panorama que encuentra en los primeros años de vida: “Hoy tenemos epidemia de chicos que se atrasan para hablar, pero epidemia. Vos vas a una sala de tres y la maestra te dice: ‘La mitad no hablan’. Y a los tres años ya todos tienen que hablar”.

“Eso es porque los adultos les hablamos menos, tenemos menos situaciones de intercambio y porque derivamos la responsabilidad de la estimulación a la tele, al aparato, a la tablet”, sostuvo.

Previamente, distinguió esos retrasos de un Trastorno en el Desarrollo del Lenguaje, condición del neurodesarrollo que no se origina simplemente por la falta de estimulación. No todos los chicos que hablan tarde tienen un trastorno, aunque para todos importa el intercambio cotidiano.

“Los chicos que se atrasan para hablar y que vos por ahí los ves que desde chiquitos están mirando la pantalla no tienen la interacción con las personas, que es lo que te va llevando a aprender a hablar: la necesidad comunicativa, el que te pregunten, el tener que contestar”, explicó Maggio.

Aprender a hablar es aprender con otros

¿Cómo se aprende a hablar? es la pregunta obligada. Maggio respondió: “Uno aprende a hablar en el contexto por la necesidad. En un chico que no tiene un problema en el desarrollo, solamente por estar en un lugar en donde se habla, el chico aprende”.

“Su cerebro se impregna de las palabras que se dicen alrededor, las copia con la situación, con la escena”, continuó. “Esto se aprende estando. Para eso lo que necesitás es gente que hable, personas que intercambien y que hablen”.

También vinculó la exposición constante a las pantallas con dificultades de atención, espera y regulación de la conducta.

“Los chicos de edad escolar ya no juegan, no salen a jugar a la pelota, por ejemplo, o no hacen los juegos que se hacían hace 10, 15, 20 años atrás; juegan en línea con otros chicos, tienen menos estrategias de manejo social”, sostuvo. También advirtió dificultades para tolerar frustraciones.

Lo que observan las escuelas

Farías Almeida ubicó la preocupación que está surgiendo en las aulas: “Las maestras ya ven hoy las dificultades que tienen los chicos, que son distintas de las de hace 10 o 15 años atrás: la intolerancia, el problema para esperar, el problema para concentrarse en una tarea”.

En Santa Fe, el ministerio presentó en marzo el programa Educación Digital, que restringió los celulares personales en inicial y primaria y reguló su uso pedagógico en secundaria. Pero las especialistas proponen mirar también lo que ocurre fuera del aula: las conversaciones familiares y el juego.

De todas formas, Maggio descartó una rechazo absoluto a la tecnología. “Yo tampoco soy menonita”, aclaró. En cambio, precisó: “El tema es a quién se lo das y qué cosas el chico pierde de las que le van a ser fundamentales para el resto de su vida por estar en contacto con el celular”.

Las palabras abren el mundo

La preocupación va más allá de pronunciar palabras: alcanza la capacidad de comprender explicaciones, estudiar y conocer realidades nuevas.

“La pobreza en las interacciones sociales, la pobreza en el desarrollo del lenguaje, te va llevando a un empobrecimiento progresivo de la capacidad académica o del aprendizaje en general”, afirmó Maggio, vinculando el lenguaje con la regulación de la conducta, la incorporación de información y el pensamiento.

Las tres especialistas llevaron esas inquietudes a los libros: adaptaron cuentos para chicos con dificultades lingüísticas y elaboraron manuales escolares accesibles.

“Hemos trabajado en esto de adaptar los textos porque consideramos que el lenguaje se empobreció. Si bien nuestros pacientes necesitan lenguaje más claro, textos más claros, también eso le sucede al grueso de los chicos del alumnado”, señaló Farías Almeida.

Según Maggio, ya publicaron manuales adaptados de primero a tercer grado y preparan el de cuarto para 2027. “Hoy una de las problemáticas que tenemos en el colegio común, más allá de los trastornos de lenguaje, es que los chicos tienen problemas para alfabetizarse y para entender lo que leen”, señaló.

La adaptación plantea un dilema: hacer accesible un texto sin perder riqueza lingüística. “Yo a veces digo que lo textual está como la comida: ultraprocesado”, comparó Farías Almeida. A su vez, Benavídez destacó el valor de los apoyos visuales para favorecer la comprensión, describiendo el método Leer para Hablar que fue el eje central de la capacitación en Santa Fe.

Al pensar en las dificultades para estudiar temas alejados de la experiencia cotidiana, Maggio añadió: “No te imaginás las palabras, no sabés lo que es el significado de las cosas”.

Experiencias que no entran en los celulares

La conversación se extendió a los vínculos. Maggio relacionó las dificultades para dialogar con menores recursos para resolver conflictos y tolerar frustraciones.

“¿Qué hacemos con un nene de tres años? ¿Lo mandamos a patear la pelota o le damos el celular? Lo mandamos a patear la pelota y a que se meta en el arenero y que se ensucie hasta acá”, propuso.

También habló de colgarse de una soga, tirarse por un tobogán, escuchar música o pintar. “Cuando uno aprende muchas cosas distintas, el cerebro se conecta en muchas áreas diferentes y tenés más reserva cognitiva y más recursos para el resto de tu vida”, sostuvo.

Y dejó una última comparación que resume su preocupación: “Si uno hace una misma cosa todo el tiempo, aprende eso, y después para vivir necesitás todo lo demás”.

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