Bernardo Stamateas: «Necesitamos amigarnos con el error, celebrar nuestros logros y disfrutar el descanso»

El psicólogo y escritor Bernardo Stamateas reflexionó sobre la autoexigencia y sus efectos en la vida cotidiana. En su análisis, sostuvo que la hiperexigencia es negativa y que es necesario modificar la relación con el error y el descanso.

El psicólogo y escritor Bernardo Stamateas abordó el tema de la autoexigencia en un texto de su autoría. Allí describió las características de las personas que se imponen estándares elevados de rendimiento y las consecuencias de esa conducta.

Stamateas afirmó que quien se autoexige hace depender su valor de su rendimiento y, como resultado, vive el descanso como un problema. Sostuvo que cada logro del autoexigente parece no ser suficiente y que, al alcanzar una meta, la convierte en un nuevo punto de partida, restándole importancia.

Respecto del error, el psicólogo indicó que para el perfeccionista representa una condena porque tiene un «yo cruel» que lo lleva a herirse a sí mismo. Señaló que un descuido o una palabra mal dicha se viven como una condena permanente.

Stamateas diferenció la exigencia normal, que consideró positiva porque ayuda a crecer y mejorar, de la hiperexigencia hacia uno mismo y hacia los demás, que calificó como totalmente negativa. En ese marco, sostuvo: «Necesitamos amigarnos con el error, celebrar nuestros logros y disfrutar el descanso». Agregó que descansar no es una recompensa ni un premio por haber conseguido algo, sino parte de la vida.

Consultado sobre el origen de la autoexigencia, el autor la vinculó con el deseo de no equivocarse y con el temor a pasar vergüenza. Describió al perfeccionista como una persona insegura que minimiza sus logros y se castiga por sus errores, lo que le impide estar en paz. Añadió que la búsqueda de perfección para evitar críticas constituye el «gran nudo psicológico de la autoexigencia».

Asimismo, advirtió que fijar la atención en lo que falta conduce a vivir frustrado e infeliz, y a intentar controlar todo y a todos. Señaló que a nadie le gusta sentirse controlado y que, a mitad de la vida, la libertad comienza a valorarse como nunca antes. En ese sentido, indicó que a partir de los 45 o 50 años las personas tienden a alejarse de quienes intentan controlarlas, por lo que ser exigente y controlador puede dañar las relaciones.

Finalmente, Stamateas sostuvo: «Necesitamos disfrutar más y exigirnos menos. Compartir más y controlar menos». Y concluyó que es valioso compartir la vida con gente libre que se acepta a sí misma y acepta a los demás sin intentar formar a nadie a su imagen y semejanza.

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