Un relevamiento del Centro de Estudios para la Ciudad señala que la cantidad de deudores en mora superó los 6,2 millones en septiembre, pero la salida de entidades del mercado secundario y el crecimiento de partidas irrecuperables fuera de balance distorsionan los indicadores del BCRA.
La morosidad de las familias argentinas continúa en aumento, aunque los últimos datos del sistema financiero podrían mostrar una evolución más favorable de la situación. Un informe del Centro de Estudios para la Ciudad (CEC) advierte sobre dos fenómenos que distorsionan los indicadores del Banco Central (BCRA): la falta de información de entidades que administran carteras de créditos impagos y el crecimiento de las deudas clasificadas como irrecuperables que quedan fuera de los balances bancarios.
De acuerdo con el relevamiento, basado en la actualización preliminar de septiembre de la Central de Deudores (CENDEU), la cantidad de personas en situación de mora creció un 5% respecto de agosto y superó los 6,2 millones. Sin embargo, una parte de esos deudores dejó de aparecer en los registros debido a cambios en la información suministrada por determinadas entidades financieras.
El primer punto señalado por el CEC es la fuerte caída en la cantidad de entidades del mercado secundario que informaron sus carteras de deuda. Mientras que en agosto había 21 entidades reportantes de esa categoría, en septiembre solamente aparecieron cinco. Como consecuencia, los deudores morosos registrados por ese segmento pasaron de 961.000 a apenas 38.000.
El mercado secundario está integrado principalmente por fideicomisos y empresas que adquieren carteras de créditos problemáticos de bancos y otras entidades financieras para gestionar posteriormente su cobro, mediante negociaciones o acciones judiciales.
En ese proceso, las personas que dejaron de pagar sus préstamos siguen teniendo una deuda pendiente, aunque el acreedor original haya vendido el crédito a otra entidad. Por lo tanto, si esas empresas dejan de informar sus carteras, los deudores desaparecen de esa parte de la estadística, pero no necesariamente resolvieron sus compromisos financieros.
El informe sostiene que esta omisión tiene un impacto significativo sobre los indicadores generales. Según sus estimaciones, la reincorporación de los aproximadamente 900.000 deudores que dejaron de figurar elevaría en más de un punto porcentual la tasa de morosidad registrada para septiembre.
Crecimiento de las deudas irrecuperables
El segundo fenómeno que identifica el Centro de Estudios para la Ciudad está relacionado con la categoría de «Irrecuperables en Partidas fuera de Balance», una clasificación utilizada por las entidades financieras, principalmente los bancos, para registrar créditos que consideran prácticamente incobrables.
Se trata de préstamos cuyos pagos acumulan incumplimientos y que, bajo determinados criterios contables, son retirados de los balances de las entidades. Sin embargo, que un banco considere que una deuda es irrecuperable no significa que el deudor haya dejado de tener esa obligación. Los compromisos pueden seguir vigentes y las entidades todavía pueden gestionar su cobro.
El problema, según el informe, es que esos montos dejan de computarse dentro de los indicadores habituales de morosidad bancaria. De esta manera, una parte de los créditos impagos queda por fuera de las estadísticas que permiten medir la calidad de las carteras financieras.
Los datos relevados muestran que la cantidad de personas incluidas en esta categoría creció un 15% en los últimos cuatro meses, mientras que el monto de las deudas acumuladas aumentó un 40% desde junio.
Además, el CEC advierte que en septiembre el volumen de las partidas irrecuperables fuera de balance representó un 30% del monto total de la mora de los bancos. Se trata de una proporción considerable que, al quedar excluida de los registros habituales, puede ofrecer una imagen incompleta del deterioro de las carteras crediticias.
Una morosidad que no encuentra techo
A partir de estos dos fenómenos, el informe cuestiona la aparente mejora que podrían mostrar algunos indicadores de morosidad del sistema financiero. Por un lado, hay deudores que dejan de aparecer porque las entidades que compraron sus créditos no informan sus carteras. Por otro, aumentan las obligaciones consideradas irrecuperables que los bancos retiran de sus balances.
En ambos casos, las dificultades de pago de las familias no desaparecen, aunque pierdan visibilidad en determinadas estadísticas.
El documento también plantea interrogantes sobre la coincidencia entre estas modificaciones en los registros y la necesidad del Gobierno nacional de mostrar una mejora en los indicadores de morosidad. No obstante, la información presentada permite advertir inconsistencias en la cobertura estadística, pero no alcanza por sí sola para demostrar una decisión deliberada del Banco Central de ocultar deudores.
El panorama expone una problemática que va más allá de los balances bancarios: millones de argentinos continúan enfrentando dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, en un contexto en el que el endeudamiento de los hogares se convirtió en una variable cada vez más relevante para analizar la evolución del consumo y el poder adquisitivo.
