El Papa León XIV pronunció su primer discurso público en Argentina en el Palacio Libertad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba), como cierre de su agenda del domingo en su gira oficial por Sudamérica. En el discurso mencionó al Papa Francisco y se refirió a la prudencia en el ejercicio de la autoridad, la economía al servicio de la persona y la dignidad de quienes aún no han nacido.
El Papa León XIV recordó a su antecesor, Francisco, durante su primer discurso público en Argentina, en el encuentro realizado en el Palacio Libertad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba) que representó el cierre de su agenda del domingo de su gira oficial por Sudamérica.
Al igual que en el discurso que dio en primer término el presidente Javier Milei, el Sumo Pontífice mencionó al Papa Francisco y aseguró que el hecho de que Bergoglio fuera argentino influyó en su decisión de visitar el país.
“Mi llegada a esta tierra tiene un significado particular. Durante doce años la Iglesia universal escuchó la voz de un pontífice argentino que llevó consigo en la memoria y el corazón, los lugares, las personas y la fe que aquí recibió”, sostuvo Robert Prevost, y destacó: “Hoy recorro el camino inverso y vengo a la patria donde el Papa Francisco comenzó una historia que después habría de entrelazarse con toda la Iglesia”.
El discurso del obispo de Roma tuvo numerosos «guiños argentinos», como las menciones a Jorge Luis Borges y al Martín Fierro, Borges. «Como cantaba Gardel, es un soplo la vida», apuntó también, y hasta llamó a «mantener vivo aquel propósito de constituir la unión nacional, proclamado en el preámbulo de su Constitución».
El Papa sentenció: “Quien ejerce la autoridad tiene el deber de actuar con prudencia, reconocer los límites del poder que le ha sido confiado y orientar sus decisiones hacia el bien de toda la comunidad”.
“La economía debe estar al servicio de la persona y no la persona al servicio de la economía. Argentina posee muchos recursos humanos; hacer fructificar esas riquezas exige prestar atención a los jóvenes. Una nación debe preguntarse seriamente en qué ha fallado cuando sus jóvenes tienen que abandonar sus tierras para realizar sus sueños”, añadió.
Pidió además «confiar en los jóvenes, reconocer su capacidad e iniciativa, y abrir espacios donde puedan aportar sus ideas y asumir responsabilidades».
León XIV se preguntó «qué lugar ocupan en nuestras decisiones quienes todavía no han nacido. Antes de preguntarnos qué mundo les dejaremos, debemos reconocer su dignidad. Nuestra responsabilidad hacia las generaciones venideras comienza por acoger la vida desde sus primeros instantes y custodiarla hasta su término natural».
Finalmente, cerró su discurso con una oración en la que utilizó «las palabras que el Papa Francisco pronunció pensando en ustedes: que el Señor los haga crecer como pueblo. Se lo pido al Señor de corazón, por intercesión de María Santísima de Luján; que ella siga velando por esta tierra, cuide de cada uno de sus hijos y los mantenga siempre cerca de Jesús. Que Dios bendiga a Argentina y a todos sus habitantes».
