El posible desarrollo de El Niño en una fase intensa mantiene en monitoreo a autoridades y expertos. Junio es señalado como el mes determinante para conocer la magnitud del fenómeno climático.
El posible desarrollo de El Niño en una fase intensa, conocido como Súper Niño, mantiene en alerta a la comunidad científica y a las autoridades argentinas. El fenómeno climático natural, denominado El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico ecuatorial. El último evento se registró en la temporada 2023-2024.
La investigadora Marisol Osman, del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (Cima, UBA-Conicet), señaló que es pronto para determinar la intensidad del próximo evento. «En los últimos meses, se ha tomado una práctica del pronóstico meteorológico que consiste en analizar modelos de aquí a diez días para pronosticar lo que va a suceder con el clima de aquí a diez meses. Sabemos que en esta época del año, la confiabilidad de los pronósticos todavía es baja para predecir eventos ENSO», afirmó Osman al Servicio de Información sobre Ciencia, Tecnología y Política Científica Argentina de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.
Osman agregó que, con la información disponible sobre la temperatura del agua bajo la superficie del Pacífico, «todo indica que las chances para el desarrollo de un evento El Niño para la próxima primavera y verano en la Argentina, a partir de septiembre, son muy altas».
El meteorólogo Pedro Di Nezio explicó que la barrera de predictibilidad de primavera del hemisferio norte limita la precisión de los pronósticos. «Los pronósticos de El Niño en esta época aún no son muy confiables, tienen mucho ruido. Hoy, cualquier fluctuación puede hacer que el pronóstico evolucione en distintas direcciones. Después, a medida que nos acercamos a junio, el sistema se vuelve más determinista», declaró Di Nezio.
Di Nezio sostuvo que «el desarrollo de El Niño ya está encaminado. La gran incógnita ahora es qué intensidad alcanzará». Osman complementó que «los signos están, pero para que el fenómeno se consolide, la atmósfera tiene que responder con patrones de viento que refuercen el calentamiento».
Osman indicó que el océano debe comunicar el calor a la atmósfera, proceso que se activa en junio y julio. «Podría suceder que si todo el océano se calienta pero no se genera un contraste, la atmósfera ni siquiera responda», advirtió. Di Nezio detalló que los registros geológicos muestran que El Niño siempre existió con etapas de distinta intensidad, y que recién con el reporte de junio de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (Nooa) habrá mejores indicios.
Los efectos más severos de El Niño en Argentina se registraron en la temporada 1997-1998, con precipitaciones extremas e inundaciones en provincias del Litoral que dejaron más de 120 mil evacuados. Los investigadores aconsejan no anticiparse a un pronóstico incierto, pero señalan la importancia del mantenimiento de infraestructura crítica para la prevención de inundaciones.
