Durante un desayuno de trabajo organizado por la Asociación Dirigentes de Empresa (ADE) en Santa Fe, directivos y expertos en gestión analizaron el liderazgo empresarial, el manejo del estrés y la importancia de la cultura organizacional.
La Asociación Dirigentes de Empresa (ADE) realizó un desayuno de trabajo en la ciudad de Santa Fe, donde directivos de empresas y pymes locales junto a especialistas en gestión abordaron las dinámicas de los equipos de trabajo, el manejo del estrés directivo y la aplicación de un modelo de «Liderazgo 360º» para la sostenibilidad del negocio.
Guillermo Álvarez, presidente de ADE, y Carlos Sosa, especialista en Liderazgo 360º y Alto Rendimiento, fueron los oradores del encuentro. Álvarez destacó la importancia de la articulación entre dirigentes: «Es muy importante la experiencia y la sapiencia del disertante, así como la calidad de los profesionales que ADE está acostumbrada a traer a Santa Fe. Pero también es muy valiosa la experiencia de los dirigentes de empresas que concurren, porque eso nutre al resto con las experiencias de cada uno».
Álvarez también se refirió a la adaptabilidad en las organizaciones: «Cada empresa es un mundo y cada familia tiene sus propias reglas, ventajas y desventajas. Uno tiene que saber adaptarse a las circunstancias y manejar liderazgos formales e informales dentro de las organizaciones». Sostuvo que el rol del directivo en momentos de turbulencia requiere empatía y capacidad de transmitir la pasión por el negocio tanto a las nuevas generaciones como al resto del personal.
Por su parte, Carlos Sosa abordó la dualidad entre la presión por los resultados y la atención al factor humano. «Hay una dualidad que tiene que ver con estar observando, con un foco muy alto en los resultados. El contexto lo exige, pero a su vez hay que comprender al otro. Tenés que mirar hacia adentro, revisando márgenes y costos que quizás 36 o 48 meses atrás pasaban de largo», afirmó.
Sosa explicó que el cambio de época requiere un cambio en el trato interpersonal: «Antes atendías un número de legajo y ahora atendés a una persona que, además de los problemas de la empresa, tiene muchos otros. ¿Cuál es el límite? Tampoco podés poner el foco cien por ciento en las personas y descuidar la empresa. El desafío es cómo tener un negocio próspero. Para eso hay que contar con mucha información, saber utilizarla y tomar decisiones a partir de ella».
El especialista recomendó priorizar el autocuidado directivo, la actividad física y la higiene del sueño frente al desgaste emocional. También instó a los líderes a aceptar la vulnerabilidad: «Hoy un líder tiene que amigarse con la vulnerabilidad. Antes parecía inimaginable que alguien pudiera decir: ‘Hoy no tengo un buen día’. Pero cuando expreso una emoción humana y la comparto, ya estoy bajando su intensidad y la presión. Por eso es importante que un líder preste ayuda, pero también que se deje ayudar».
Sobre la delegación de tareas, Sosa la definió como un «pantano emocional» por la inversión de tiempo inicial que requiere. «Si tomo a alguien, tenga cinco empleados o tenga cien, tengo que hacer una inversión inicial de tiempo. Entro en una zona de mayor trabajo porque estoy invirtiendo en una persona y espero que me dé resultados en el mediano y largo plazo. A veces cuesta comprenderlo y terminás frustrándote. En vez de generar menos estrés, terminás generando más», advirtió.
El experto señaló que la delegación es el único camino para construir un equipo sólido bajo el concepto de «empatía bilateral», donde el acompañamiento sea recíproco entre el conductor y sus colaboradores. Para medir la eficacia de la conducción, indicó que la rentabilidad económica no es el único parámetro: la calidad de las respuestas, la frecuencia de las conversaciones espontáneas y la consolidación de un «ADN corporativo» son indicadores clave.
En cuanto a la cultura organizacional, Sosa sostuvo: «Liderar es pactar condiciones y establecer cuáles son los negociables y cuáles los innegociables. No negocio que, si nos vamos todos, no se apague la luz. Si hay un papel en el suelo, lo juntamos. Si entra un cliente, lo saludamos. Eso es cultura».
Las conclusiones del encuentro enfatizaron que la supervivencia y el crecimiento de las empresas en períodos de transformación dependen de equilibrar lo que Sosa denominó las «dos R» del management: Relaciones y Resultados. La gestión de la urgencia financiera sin descuidar el capital humano, junto con una postura de «alerta relajada» basada en paciencia, perseverancia y pasión, se presentó como la clave para guiar las organizaciones hacia la consolidación y la eficiencia.
