Entre el 29 de mayo y el 6 de junio, un grupo de asistentes al 31° Festival de Cine Latinoamericano participó del taller «Cine y Crónica: Contar un Festival», que los formó como cronistas para narrar los aspectos no oficiales del evento.
Entre el 29 de mayo y el 6 de junio, mientras se desarrollaba la 31° edición del Festival de Cine Latinoamericano en Rosario, un grupo de personas participó del taller «Cine y Crónica: Contar un Festival». Según informó el periodista, productor audiovisual y programador de cine Ulises Rodríguez, el objetivo del espacio fue que los asistentes dejaran de ser solo espectadores para convertirse en cronistas.
El taller reunió a personas con y sin experiencia previa en escritura de crónicas. Según Rodríguez, compartían la inquietud de contar aquello que suele quedar fuera de la programación oficial, las gacetillas y las críticas cinematográficas: gestos mínimos, conversaciones casuales, personajes anónimos y escenas que ocurren antes, durante y después de cada función.
El festival fue el escenario principal, pero también las calles de Rosario, que durante esos días estuvieron atravesadas por la marcha del 3 de junio de Ni Una Menos. Rodríguez señaló que esa movilización dejó su huella en la ciudad y en varias de las miradas que construyen el conjunto de textos producidos en el taller.
Las crónicas resultantes, según se informó, no buscan resumir una programación ni emitir veredictos sobre las películas. Son relatos que nacen de la experiencia directa: de caminar, escuchar, esperar, conversar y observar. Cada texto tiene una voz propia, con miradas íntimas, observacionales, atravesadas por la emoción o la curiosidad. Todas comparten la búsqueda de registrar la dimensión humana de un festival de cine, compuesta por espectadores, trabajadores, realizadores, vecinos y encuentros inesperados.
