El Vaticano excomulgó la semana pasada a los obispos y sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, pero sus seguidores en Argentina, Italia y Suiza mantienen su adhesión al grupo.
El Vaticano excomulgó la semana pasada al clero de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, facción conservadora del catolicismo, en una medida que constituye el mayor cisma en décadas. Sin embargo, numerosos seguidores del grupo en Argentina, Italia y Suiza continúan asistiendo a sus ceremonias y manifestando su lealtad.
“No cambia nada”, declaró Blandine Guillaumin, de 42 años, maestra en una escuela dirigida por el grupo en Francia. Guillaumin afirmó que seguiría formando parte de la fraternidad incluso si el Vaticano cumpliera su amenaza de excomulgar a los fieles que se mantuvieran leales. “Estamos seguros de que estamos haciendo la voluntad de Dios”, sostuvo, y añadió que la fraternidad representa “el catolicismo puro y auténtico”, no así el Vaticano.
La fraternidad fue fundada en 1970 para protestar contra el giro modernizador de la Iglesia católica tras el Concilio Vaticano II (1962-1965). Rechaza el uso de lenguas vernáculas en la misa y sostiene que las enseñanzas del concilio “contradicen la doctrina milenaria” de la Iglesia. Desde el Vaticano, el papa León XIV afirmó el mes pasado que sus seguidores “se niegan a aceptar ciertos elementos fundamentales de la Iglesia”.
En Buenos Aires, una congregación de la Fraternidad San Pío X celebró misa el jueves en una iglesia del centro porteño. Thiago Berlanga, de 23 años, estudiante de economía, expresó su indignación ante la orden de excomunión: “Voy a seguir viniendo aquí. Los herejes son los otros”. Berlanga señaló que la fraternidad no infringe normas católicas, y que sí lo hace el ala modernista de la Iglesia. Se quejó de sacerdotes que bendicen uniones homosexuales, dan la comunión a personas divorciadas y tratan el catolicismo como si estuviera al mismo nivel que otras religiones. “Hoy en día la Iglesia recibe a todo el mundo. Podés ser homosexual, podés ser adúltero… podés hacer de todo menos ser tradicionalista”, sentenció. En la misa porteña no se utilizaron instrumentos musicales ni cantos, los fieles se arrodillaban con frecuencia, se golpeaban el pecho, no había signos de paz y se empleaba el latín. “Rezamos por el Papa. ¿Cómo podés llamar cismática a una congregación que reza por el Papa?”, apuntó Berlanga.
En la aldea suiza de Écône, donde el fundador de la fraternidad, el arzobispo Marcel Lefebvre (excomulgado por Juan Pablo II en 1988) construyó el primer seminario en 1970, se celebró una ceremonia el miércoles pasado. Los líderes de la fraternidad consagraron a cuatro obispos en contra de la voluntad del papa, acto que reunió a unas 17.000 personas, según estimaciones. Un día después, el Vaticano declaró que la fraternidad estaba en cisma y emitió un decreto de excomunión contra sus obispos (seis en total tras la ceremonia) y sus sacerdotes, prohibiéndoles oficiar matrimonios y escuchar confesiones. A los fieles laicos se les advirtió que se arriesgaban a la excomunión si continuaban siguiendo las enseñanzas de la fraternidad. La fraternidad ignoró la sanción y las advertencias.
El superior general de la fraternidad, el reverendo Davide Pagliarani, calificó la decisión de “objetivamente injusta e inválida”. Mientras tanto, uno de los nuevos prelados, el obispo Marc Hanappier, bendecía a los fieles que se arrodillaban a sus pies y niños esperaban para besar su anillo. La fraternidad cuenta con unos 1.500 miembros oficiales, la mitad sacerdotes, y sus responsables estiman entre 300.000 y 600.000 seguidores laicos en todo el mundo.
