Un relato en primera persona que narra los desafíos, paisajes y descubrimientos de la caminata de cuatro días por el histórico sendero hasta la ciudadela sagrada.
La experiencia no comienza en el kilómetro 82, punto de largada del Camino del Inca. La historia arranca al bajar del avión en Cuzco y ni bien el cuerpo recibe el impacto de los 3.400 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra la ciudad. Para muchos, la sensación inicial es de mareo y ligereza, un primer encuentro con la altura.
La madrugada siguiente esperan 46 kilómetros de caminata durante los siguientes cuatro días por la ruta del mítico Camino del Inca. El primer día, tras un paso por el pueblo de Ollantaytambo, la caminata comienza oficialmente en el kilómetro 82, a 2.750 msnm. El primer punto de control, en Piskacucho, reúne a peregrinos de diversas nacionalidades listos para iniciar la travesía. El grupo total, incluyendo viajeros, guías y porteadores, es de quinientas personas, el límite máximo permitido para la preservación del lugar, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1983.
La primera jornada suma doce kilómetros en alrededor de seis horas, permitiendo descubrir ruinas como las de Llactapata, un centro ceremonial religioso, y Willkarakay, antiguo poblado y punto de vigilancia. La noche se pasa en Wayllabamba, a 3.100 msnm.
El segundo día es considerado el más exigente, con un ascenso casi constante hasta el punto más alto del recorrido: el paso de Warmi Wañusca o de la Mujer Muerta, a 4.200 metros de altura. Tras el descenso, el campamento se establece en Chaquiqocha, a 3.950 msnm, luego de recorrer trece kilómetros en poco más de siete horas. El paisaje, con el pico nevado de Verónica y un cielo estrellado, ofrece una recompensa visual única.
La tercera jornada es la más larga, con quince kilómetros en aproximadamente diez horas, pero también presenta algunos de los paisajes más bellos y variados. El camino muta de estepa a selva húmeda, se atraviesan túneles naturales, bosques de cedros y escalinatas originales incaicas. Se visitan los complejos arqueológicos de Sayaqmarka y Phuyupatamarca, el «pueblo entre las nubes», antes de llegar al último campamento en Wiñaywayna.
El relato culmina en la víspera del «día D», el esperado arribo a Machu Picchu, dejando en claro la mezcla de esfuerzo físico, descubrimiento histórico y conexión con la naturaleza que define esta travesía.
